Terapia EMDR

¿Qué es EMDR?

EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento a través de Movimientos Oculares) es un novedoso y eficaz método terapéutico.

¿Para qué se utiliza?

Está recomendado en casos de traumas mayores y menores, nudos vitales de difícil acceso a terapias convencionales, fobias, ansiedad, duelo patológico y adicciones. Dada su novedad, cada día se encuentran nuevas aplicaciones desde la Psicología Científica.

¿Es verdaderamente eficaz?

Sí. Decenas de estudios científicos avalan su eficacia. Ha sido reconocido por la APA como método eficaz en el tratamiento del trauma y elegido por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos como abordaje de elección para veteranos de guerra.

¿Qué terapeutas pueden practicarlo?

Únicamente psicólogos/as licenciados/as, que acrediten su colegiación como ejercientes y que hayan recibido formación en EMDR por alguno de los Institutos Internacionales reconocidos.

¿Cómo puedo recibir terapia EMDR?

Si vives en Madrid puedes contactarnos a través de nuestro mail despiertatupoder@yahoo.es o llamando directamente al teléfono 646738183 y concertaremos una primera entrevista para valorar la pertinencia del método.

En cualquier otro lugar puedes consultar un listado de terapeutas a través de la Asociación Española de EMDR.

Morgana Vitutia Ciurana. Psicóloga col. nº 18.103.

Experta en EMDR Nivel I y Nivel II por el EMDR Institute USA (Basic and Advanced Training). 2007.

Más información en el siguiente artículo:

EMDR: Reprocesamiento de Redes Neuronales para el tratamiento del trauma psicológico

¿Qué es el EMDR?

El EMDR es una moderna técnica psicoterapéutica especialmente utilizada en el tratamiento de traumas psicológicos que no han sido debidamente asimilados y procesados por el sujeto. Recibe su nombre del acrónimo inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, cuya traducción al castellano sería Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. En su apariencia la mecánica de la técnica es sorprendentemente sencilla: El terapeuta pide al paciente que se concentre en evocar mentalmente los recuerdos perturbadores del pasado, al tiempo que le insta a seguir con los ojos el rápido movimiento de uno de sus dedos.

En ocasiones bastan una o dos sesiones de EMDR para que traumas mantenidos durante años dejen de tener su capacidad perturbadora. Sin embargo esta simplicidad es sólo aparente: El EMDR ha revolucionado el mundo del tratamiento del trauma psicológico y se ha convertido, sin duda, en la técnica psicológica que más volumen de investigación ha generado en los últimos veinte años.

Aunque todavía se desconocen los mecanismos neurológicos por los que actúa, la efectividad del EMDR está sobradamente demostrada. Desde su descubrimiento casual en los años 90 esta técnica ha sido ensayada con toda clase de colectivos víctimas de estrés post traumático: Veteranos de las guerras de Irak, Corea y Vietnam, víctimas de violación y abuso sexual o supervivientes de accidentes y desastres naturales.

Actualmente, existen en el mundo unos 40.000 terapeutas acreditados y formados por las distintas Asociaciones Profesionales de EMDR. En Estados Unidos, su lugar de origen, la Asociación Americana de Psiquiatría determinó en 2004 su utilidad y efectividad en el tratamiento del trauma psicológico. El Departamento de Defensa de EEUU ha ratificado la eficacia del EMDR en la intervención de casos de estrés post traumático en veteranos de guerra, otorgándole la mayor calificación existente: Categoría A, fuertemente recomendado. Su uso también está extendido entre los profesionales de salud mental de países como Irlanda e Israel, lugares donde ha tenido una extraordinaria acogida dada la alta incidencia de estrés post traumático causado por ataques terroristas. En España son muchos los colectivos que se han formado en la aplicación del EMDR: Terapeutas de los equipos de intervención en emergencias y catástrofes, quienes trabajan con víctimas de violencia machista o los que componen los equipos psicológicos que se desplazan a zonas en conflicto.

El hecho de que su conocimiento a nivel popular no esté tan extendido como otras técnicas psicoterapéuticas se debe principalmente a dos razones: La primera es su relativa novedad, ya que aunque las bases teóricas fueron establecidas a principio de los años noventa, su aplicación generalizada a la psicoterapia ha sido bastante más reciente. La segunda razón es su asociación casi exclusiva con un trastorno, el Trastorno por Estrés Postraumático, cuya incidencia en la población general es menor que otros como la depresión, las fobias o los trastornos de ansiedad. Sin embargo esta circunstancia está cambiando rápidamente, con la ampliación del EMDR a un abanico cada vez mayor de trastornos.

Para aproximarnos a este frente en pleno desarrollo científico, en la frontera entre la psicología y las neurociencias, un buen comienzo es conocer la naturaleza del trauma y sus consecuencias sobre las personas.

Cuando resulta imposible olvidar: El Trastorno por Estrés Post Traumático (TEPT)

Según una de las acepciones de la Real Academia de la Lengua, un trauma es un choque emocional que produce un daño duradero en elinconsciente. Aunque la apelación al inconsciente es ciertamente desacertada, dado que el sufrimiento provocado por traumas psicológicos se vivencia (y mucho) de forma plenamente consciente, esta definición sí recoge dos de los conceptos más importantes que subyacen a la idea de lo traumático. Una es el concepto de daño y la otra es su capacidad de perdurar en el tiempo.

Sería imposible ofrecer desde la psicología una definición única de trauma, dada la multitud de enfoques y corrientes que se han acercado al tema, a veces desde presupuestos completamente enfrentados. Más sencillo, sin embargo, será definir el cuadro clínico que aglutina las consecuencias psicológicas del trauma: El trastorno por estrés post traumático.

Según los manuales de psicodiagnóstico el trastorno por estrés post traumático es una respuesta psicológica tardía a la vivencia de un acontecimiento de naturaleza sumamente estresante, bien sea como víctima directa o bien como testigo. Algunos de los acontecimientos causantes de TEPT más frecuentes en España son: Accidente, violencia machista, abuso sexual, catástrofe natural o intencionada, violación, agresión, perder a algún ser querido de forma violenta o escapar de un intento de asesinato. En ocasiones el hecho traumático ha sucedido sólo una vez, como en el caso de un accidente de tráfico, aunque en otras ocasiones puede tratarse de hechos sostenido en el tiempo, como la violencia machista o el abuso sexual. Aunque éstos son algunos ejemplos de los estresores más comunes, la naturaleza del trauma puede ser diversa, en función de las circunstancias, lugares del mundo y momentos históricos.

Sin embargo, y a pesar de esta diversidad, todos los acontecimientos susceptibles de generar TEPT tienen dos características en común: La primera es que son objetivamente terribles, es decir, que la mayoría de las personas sentirían terror ante ellos; o dicho de otra manera, que no se trata de hechos menores a los que el sujeto dé una importancia exagerada. La segunda característica es que el acontecimiento provoca, ya en ese momento, una intensa sensación de miedo u horror.

Los síntomas del TEPT pueden comenzar inmediatamente después del acontecimiento traumático o demorarse varios meses, aunque lo más frecuente es que surjan nada más producirse y vayan empeorando con el paso del tiempo.

El síntoma central del trastorno por estrés post traumático es la re-experimentación del trauma a través de alguna (o varias) de las siguientes formas:

1. Recuerdos recurrentes del acontecimiento traumático que aparecen de forma repetida, angustiosa e invasiva y están por completo fuera del control de la persona. Estos recuerdos pueden ser imágenes, sensaciones físicas, emociones, percepciones corporales o incluso pensamientos relativos al trauma.

2. Pesadillas recurrentes en los que se revive el acontecimiento de forma sumamente angustiosa.

3. Flahsbacks. Los flahsbacks son episodios disociativos en los que la persona tiene la sensación de estar volviendo a vivir la experiencia. La diferencia con el primer punto es que en este caso no se trata de una imagen mental o un recuerdo, sino de una re-experimentación que puede provocar la pérdida temporal del contacto con la realidad: El sujeto siente que está de nuevo en aquella situación y se siente como se sintió entonces.

Aunque la re-experimentación del trauma es el síntoma central del TEPT, no es la única manifestación del trastorno. Algunas otras son:

  • La persona es incapaz de enfrentarse a estímulos o recuerdos que estén asociados con el trauma, experimentando una sensación insuperable de angustia, palpitación, sudores, temblores, mareos…
  • La persona hace esfuerzos por evitar los pensamientos, conversaciones, lugares o personas que recuerdan al trauma. Es incapaz de narrarlo y no encuentra palabras para hacerlo.
  • Alguna parte importante del acontecimiento ha sido olvidada por completo.
  • La persona sufre falta de interés por participar en las actividades de la vida cotidiana, a la vez que experimenta un profundo desapego del resto de personas. Su vida afectiva se restringe drásticamente o desaparece por completo.
  • La persona tiene la sensación de estar condenada a un futuro sin ninguna esperanza.

La capacidad devastadora del Trastorno por Estrés Postraumático

A la vista de todos estos síntomas y consecuencias del trauma es fácil comprender en qué medida el TEPT resulta un trastorno sumamente grave. Los individuos no sólo se ven asaltados una y otra vez por el recuerdo de lo sucedido, sino que su funcionamiento general se ve seriamente mermado. Imaginemos una persona que haya sobrevivido a un accidente de circulación en el que su acompañante muriera y él o ella resultaran gravemente mutilad@. Cualquier estímulo que recuerde el accidente tendrá la capacidad de generar una angustia incontrolable, amén de activar la cadena de recuerdos invasivos o los episodios de flahsback. Por lo que, dada la omnipresencia de automóviles en nuestras ciudades, el hecho cotidiano de salir de casa puede convertirse en una actividad problemática.

 Siendo esto sumamente limitante, no lo es tanto como la devastación afectiva que la víctima padece, sobre todo cuando el agente causante del trauma es otro ser humano. Pensemos en una mujer que haya sido víctima de una violación. A todo lo que venimos describiendo (re-experimentación, evitación de los estímulos que recuerden el hecho…) deberemos añadir un elemento sumamente importante: Si el responsable del acontecimiento es el azar o la naturaleza, como en el caso de un accidente o una inundación, resulta más fácil mantener cierto grado de contacto afectivo con el resto de seres humanos; al fin y al cabo ellos no tuvieron nada que ver con aquella desgracia. Sin embargo, si el responsable del acontecimiento traumático fue una persona, como en el caso de una violación, ¿qué expectativas tendrá nuestra víctima del género humano? El cuadro será todavía más grave cuando la persona responsable sea cercana a la víctima, alcanzado su máxima gravedad en los casos de abusos sexuales de un padre sobre su hija.

Entenderemos con facilidad que su vida afectiva se vea seriamente dañada y que su confianza en otros seres humanos desaparezca por completo. Esto provocará una desoladora sensación de desapego, de aislamiento y de soledad emocional que acabará por anegar todas las facetas de la vida.

No poder nombrar lo que no se puede olvidar: Aparentes paradojas del hecho traumático

Hay dos características del trastorno por estrés post traumático que tradicionalmente han resultado sorprendentes para los investigadores y que ahora, con los actuales modelos psiconeurológicos del EMDR que veremos más abajo, pueden encontrar explicación.

La primera es la diferente forma en que se comportan los recuerdos normales y los traumáticos. ¿Por qué los primeros parecen archivarse correctamente en un cajón de nuestra memoria, mientras que los traumáticos quedan siempre a la vista, encima de la mesa, dispuestos a asaltar la conciencia mediante diversas vías? Parecería que ambos tipos de recuerdos fueran procesados de distinta manera por nuestro cerebro. Utilizando una metáfora informática podríamos decir que unos, los normales, quedan correctamente guardados tras pulsar la tecla de Guardar como, mientras que los otros, los traumáticos, dejan colgado el sistema operativo, se resisten a desaparecer de la pantalla, vuelven a abrirse a cada momento ocupando toda la capacidad de procesamiento y hasta se transforman para aparecer como ficheros diferentes (en nuestro caso, recuerdos, sueños o Flahsbacks).

Es precisamente en el caso de los Flahsbacks donde se hace más evidente que el cerebro no procesa ni archiva por igual ambos tipos de recuerdos. Durante uno de estos episodios la persona puede llegar a perder la noción de dónde se encuentra y de qué está experimentando. Podríamos atribuirlo a una extraordinaria viveza del recuerdo, pero por muy vívido que sea un recuerdo normal, difícilmente lo viviremos con tal claridad y fuerza que lleguemos a sentir que estamos de nuevo allí.

Otro de los elementos del TEPT que habitualmente ha llamado la atención de los investigadores es la incapacidad de las víctimas para narrar el acontecimiento traumático. Cuando se les pide que cuenten el episodio o lo escriban con detalle es muy probable que les resulte imposible. No es que narrarlo les cueste un enorme esfuerzo y sufrimiento, cosa completamente lógica y comprensible, sino que pareciera que esos recuerdos subsistieran de forma desconectada de las palabras. El horror que sienten no tiene, literalmente, nombre; cosa que choca con el hecho de que su mayor martirio sea precisamente no poder dejar de revivir aquel momento. ¿Por qué algo que está siendo angustiosamente revivido, que aparece noche tras noche en forma de pesadilla no puede ser narrado? Las víctimas dicen ser capaces de recordar hasta el más mínimo detalle de lo sucedido, pero a la hora de contarlo sencillamente no pueden.

Much@s de ell@s aseguran ser incapaces de ponerle palabras aunque estén viendo la escena con tanta claridad como si la tuvieran ante los ojos.

Francine Shapiro y el descubrimiento casual del EMDR

En 1987 la psicóloga americana Francine Shapiro hizo por casualidad un sorprendente descubrimiento; una tarde, mientras paseaba por un parque, se dio cuenta de que cada vez que acudía a su mente algún tipo de pensamiento perturbador, sus ojos comenzaban a moverse rápida y espontáneamente de arriba a abajo. La relación entre determinados procesos mentales y el movimiento ocular era ya algo conocido desde los años sesenta y setenta: Autores como Antrobus y Singer habían demostrado en diversos experimentos que los ojos de una persona comenzaban a moverse rápidamente cuando experimentaba alguna emoción desagradable o cuando se producía un cambio brusco en el contenido de la mente. Sin embargo el descubrimiento de Shapiro fue mucho más allá: Tras la secuencia de movimientos oculares espontáneos, los mismos recuerdos angustiosos habían dejado de tener su carga negativa; seguía recordándolos pero era como si hubiera desaparecido su capacidad para perturbar.

Sorprendida por el efecto liberador de aquellos movimientos oculares espontáneos, comenzó a experimentar con algunos amigos y compañeros de profesión; Shapiro les pedía que se concentraran en recordar algún hecho desagradable mientras ella guiaba el movimiento de sus ojos haciéndoles seguir su dedo. Estas primeras experiencias informales tuvieron un éxito psicoterapéutico considerable: En apenas una o dos sesiones las personas se veían libres de las emociones perturbadoras que les habían molestado durante años. Sin embargo estos primeros casos no eran clínicamente graves, ni podían considerarse como auténticas víctimas de estrés post traumático; se trataba de amigos o colegas con acontecimientos estresantes dentro del ámbito de lo cotidiano (problemas domésticos, tensiones profesionales…) que en ningún caso alcanzaban la categoría de trastorno. Por ello Francine Shapiro decidió probar con colectivos que hubieran sufrido experiencias verdaderamente traumáticas.

El primer estudio controlado se llevó a cabo con un grupo de 22 personas que sí sufrían de verdadero trastorno de estrés post traumático por acontecimientos que, en ocasiones, se remontaban a veinte o treinta años atrás; entre estas personas había víctimas de violación, de abuso sexual en la infancia y un grupo de veteranos de la guerra de Vietnam. Para comprobar científicamente la eficacia del método EMDR, Shapiro repartió a estas 22 personas en dos grupos. A las personas del primero de ellos (el llamado grupo experimental) les aplicó la técnica tal y como había hecho con sus amigos y colegas; a las personas del segundo grupo (llamado grupo de control) no les aplicó la técnica, y en su lugar les pidió que describieran el acontecimiento traumático con todo el detalle que pudieran.

El resultado fue claro: Las personas del grupo experimental obtuvieron una disminución muy notable de los niveles de ansiedad causada por el material traumático y un cambio importante en la valoración y los pensamientos sobre el recuerdo perturbador. El grupo de control, sin embargo, no obtuvo ninguna mejora e incluso su nivel de ansiedad aumentó ligeramente. En vista del éxito del tratamiento, Francine Shapiro decidió, por razones éticas, someter a los miembros del grupo de control a la técnica EMDR, obteniendo el mismo resultado positivo.

La rapidez de los resultados y lo sorprendente de la técnica llamó la atención de buen número de profesionales e investigadores que, desde ese momento y hasta el día de hoy, han llevado a cabo docenas de experimentos en condiciones sumamente controladas; en todas ellas los resultados han sido los mismos: El método EMDR es eficaz en el tratamiento del trauma psicológico, sus efectos son sumamente rápidos y los resultados se mantienen de forma duradera.

Con el paso de los años el método EMDR ha cambiado y se ha enriquecido considerablemente, tanto en su vertiente teórica como en la aplicada. Es necesario señalar que esta técnica ha seguido el camino contrario al que suele ser habitual en el avance científico. Lo más común es partir de una determinada idea o base teórica acerca de las causas de un problema; por ejemplo, la creencia de que un desequilibrio en la química cerebral de la serotonina está detrás del trastorno depresivo o que cierta activación anormal y persistente del sistema nervioso simpático subyace al trastorno de ansiedad y preocupación generalizada. La segunda etapa consiste entonces en idear o diseñar algún sistema, procedimiento o fármaco que actúe sobre lo que se sospecha que es el mecanismo causal del problema; en los casos de este ejemplo, desarrollar un fármaco que incremente la cantidad de serotonina en el espacio inter-sináptico de las neuronas o aplicar el método de Relajación Muscular Progresiva de Jacobson para disminuir la activación anormal del sistema simpático. Una vez llevada a cabo la intervención, la tercera etapa es medir y cuantificar los efectos y, por tanto, la eficacia de la técnica empleada, bien mediante medidas objetivas y fisiológicas, bien mediante la evaluación del propio paciente de la mejora conseguida. Y todavía habría una cuarta etapa que consistiría en evaluar el resultado, ver en qué medida se han conseguido los objetivos y de qué forma se podrían potenciar y/o mejorar los efectos; para estos ejemplos, las medidas podrían ser, por ejemplo, incrementar o disminuir las dosis del fármaco o analizar si los resultados son mejores con el método de Relajación Autógena de Schultz.

Por contra, el EMDR nació siendo eficaz y nada más. No tenía una base teórica que sustentara las razones de su efectividad (¿por qué el movimiento de los ojos disminuía los niveles de la ansiedad causada por recuerdos traumáticos?). Además, esta falta de base teórica alcanzaba tanto a la dimensión puramente psicológica (¿era efectiva porque estaba descondicionando la ansiedad según los modelos conductuales clásicos, porque reestructuraba las ideas según los modelos cognitivos o porque liberaba catárticamente algún tipo de material inconsciente, según los modelos psicodinámicos?). Naciendo eficaz y desconociendo los mecanismos de su eficacia, el EMDR tuvo que irse desarrollando mediante un largo proceso de ensayo y error.

La dimensión práctica: Forma actual del método EMDR

Aprovechando la experiencia de los pacientes, sus comentarios sobre lo que sentían y el resultado de las sesiones, Shapiro fue desarrollando un complejo protocolo que dista mucho de aquellas primeras e intuitivas intervenciones en que únicamente se pedía al paciente que pensara en el trauma y siguiera el movimiento del dedo. A día de hoy la aplicación del método EMDR se ha depurado, complicado y sistematizado, hasta haber estructurado una sesión en ocho fases diferenciadas.

La primera es el análisis detallado del historial clínico del cliente, que incluye conocer la disposición que tiene hacia el tratamiento, los factores de seguridad que podrían aconsejar o desaconsejar la aplicación del EMDR y la planificación de la intervención. Las fases dos y tres son la preparación del cliente para la técnica y la evaluación de los componentes o blancos terapéuticos a tratar. De la fase cuatro a la fase siete se extiende la aplicación de la técnica en si, siendo esta parte la que alcanza mayor complejidad e importancia; en ellas se procede a la desensibilización de la reacción emocional causada por el material traumático, la instalación del material cognitivo no disfuncional, la exploración de los correlatos corporales del trauma y la clausura de la sesión. La fase ocho implica la evaluación del resultado y la conclusión de la terapia.

La complejidad de aplicación del EMDR ha llegado a tal punto que han surgido internacionalmente distintos Institutos y Asociaciones Profesionales dedicadas a la investigación y formación de los nuevos terapeutas. De todas ellas la primera y más importante es sin duda el EMDR Institute de Watsonville, en California, fundado por Francine Shapiro.

La dimensión teórica formal: Teoría del Procesamiento adaptativo de la información

La teoría del procesamiento adaptativo de la información es una hipótesis de trabajo que pretende, por una parte, explicar el mecanismo por el cual actúa el EMDR y, por otra, resolver algunos de loshechos sorprendentes de la sintomatología del TEPT de los que hablábamos arriba. Es importante señalar que esta teoría es puramente formal, es decir, que no entra en la descripción real de los mecanismos fisioneurológicos de naturaleza biológica, dimensión que trataremos brevemente después con la exposición de las líneas de investigación abiertas en el campo de las Neurociencias.

Para distinguir la dimensión formal (los procesos lógicos) de la dimensión neurológica (el sustrato biológico del cerebro y sus procesos fisicoquímicos), un buen símil sería el de un ordenador: La dimensión formal se referiría a las abstracciones de programación del software y la dimensión neurológica explicaría el soporte físico de microprocesadores y memorias del hardware. O dicho de otro modo, si nos encontramos con alguien que no conoce el funcionamiento de un procesador de textos y le explicamos cómo utilizar los comandos guardar como y cortar y pegar estaríamos explicándole la dimensión formal. Si por el contrario le explicáramos cómo funcionan los circuitos integrados del procesador central de nuestro equipo y cuáles son las leyes de la electrónica que regulan el funcionamiento de cualquiera de las placas de nuestro ordenador, estaríamos hablando de la dimensión física. Lógicamente ambas dimensiones son facetas o perspectivas de un mismo hecho, ya que cada vez que utilizamos el comando guardar como del procesador de texto lo hacemos sobre un sustrato físico concreto (nuestro ordenador, nuestra CPU, nuestra RAM, la corriente eléctrica, la diferencia de potencial…).

Según la teoría del procesamiento adaptativo de la información, nuestro cerebro funciona de una forma similar a como lo hace una computadora: Toma datos del exterior, los procesa de alguna manera, y arroja algún tipo de resultado. Durante este proceso son muchos los sub-procesos ejecutados: Recoge los datos nuevos a través de los sentidos, los archiva en una memoria de trabajo de corta duración, busca datos antiguos almacenados en la memoria a largo plazo, busca conexiones entre ellos y los enlaza mediante vínculos.

Cuando nos encontramos ante algún acontecimiento no traumático, este proceso funciona de manera correcta: Las operaciones se ejecutan sin ningún problema y los nuevos recuerdos son debidamente almacenados en la memoria. Sin embargo cuando experimentamos un hecho que nos genera un gran impacto emocional, el correcto funcionamiento se ve alterado. La razón de que un acontecimiento angustioso sea capaz de provocar un error en el procesamiento y almacenamiento de los recuerdos no está clara. Una buena hipótesis es la que atribuye a la adrenalina el papel causal del fallo. Es un hecho conocido que las situaciones que ponen en riesgo la integridad física o la vida (como por ejemplo sufrir una agresión sexual o ser víctima de un accidente), incrementan considerablemente la secreción de adrenalina por parte de las glándulas suprarrenales. Según esta hipótesis, el nivel anormalmente alto de adrenalina alteraría el equilibrio químico del Sistema Nervioso Central y bloquearía su capacidad para procesar correctamente los nuevos datos. Debido a ello, el cerebro almacenaría lo sucedido de una forma incorrecta.

En circunstancias normales uno de los procesos habituales de la memoria es relacionar los recuerdos nuevos con los antiguos, estableciendo entre ellos unos vínculos similares a los que conectan distintas páginas Web o partes de un texto con otras. A medida que vamos almacenando recuerdos nuevos se van estableciendo más y más conexiones con los antiguos, tejiendo densas redes de material relacionado entre si, llamadas redes mnemónicas. Lejos de ser uniformes en cuanto a su contenido, las redes de recuerdos almacenan materiales de todo tipo, que podríamos calificar como multimedia: En ellas podemos encontrar tanto imágenes, como sonidos, sensaciones físicas y corporales, pensamientos, palabras y por supuesto emociones. Esta es la razón de que cuando recordamos algún episodio de nuestra vida, nos venga inmediatamente a la memoria lo que sentimos en ese momento, acompañando a lo que vimos y también los pensamientos que tuvimos entonces. Todo ese conjunto de recuerdos se entrelazan con otras situaciones en las que sentimos o pensamos algo parecido, aunque sean momentos muy alejados en el tiempo; y estos, a su vez, con otros, entretejiendo un intrincado laberinto que almacena sensaciones, imágenes, pensamientos y emociones de manera organizada.

Sin embargo cuando el acontecimiento es sumamente estresante la información nueva no es procesada correctamente. El conjunto de sensaciones, imágenes, pensamientos y emociones del trauma quedan grabados en la memoria, pero debido al fallo del sistema este material nuevo no se relaciona con el material anterior; es decir, queda aislado, encapsulado en si mismo, como un quiste de recuerdos traumáticos que no consigue integrarse con el resto de redes mnemónicas. El recuerdo del trauma queda por tanto suspendido en el tiempo, manteniendo las emociones perturbadoras en el mismo estado en que se almacenaron, sin ninguna elaboración posterior.

¿Por qué según la teoría del procesamiento adaptativo de la información funciona el EMDR?

En las víctimas de abuso sexual, por ejemplo, es frecuente que cuando se les pregunta acerca de qué pensamientos les vienen a la cabeza al recordar las agresiones, refieran ideas de culpabilidad y sentimientos de suciedad hacia si mismas. Sin embargo es posible que hayan transcurrido varias décadas y, de manera racional, la víctima reconozca que es absurdo tener sentimiento de suciedad por haber sido una víctima; racionalmente la persona puede entender, con toda razón, que no es lógico sentirse culpable por haber sido abusada a los siete años de edad por un adulto; pero cuando recuerdan el trauma, las pensamientos de culpa y suciedad afloran de manera automática. Este fenómeno es común a todos los casos de estrés post traumático: Emociones o ideas que, enjuiciadas a la luz del presente, no tienen ningún sentido y que, sin embargo, se activan de forma inmediata en cuanto se recuerda algún elemento del hecho perturbador.

Según la teoría del procesamiento adaptativo de la información, ésta sería una prueba de que los hechos traumáticos se mantienen almacenados al margen del resto de la biografía, como congelados en aquel preciso instante de horror. La niña de siete años sintió una profunda sensación de suciedad y culpa que quedó grabada en su memoria; para esa niña, treinta años después, la idea de que ser víctima de un abuso convierte a alguien en sucia es racionalmente absurda. Sin embargo, estos pensamientos del presente, parecen incapaces de hacer mella en las viejas emociones e ideas detenidas del trauma. Así que cada vez que recuerda los hechos vuelve a experimentar aquel miedo, aquella vergüenza y aquella culpa, exactamente igual que los sintió la niña de siete años.

Para la teoría del procesamiento adaptativo de la información, la razón de que el EMDR funcione radica precisamente en su capacidad de conectar el presente y el pasado, y establecer entre ellos las conexiones neurológicas necesarias. Esto se lograría mediante el reparto de la atención. El término atención dual, utilizado con frecuencia para describir este fenómeno, hace referencia al hecho de que durante una sesión de EMDR la persona se ve obligada a dividir su atención entre el aquí y ahora (el movimiento del dedo) y el pasado (los recuerdos del trauma). Al mantener al mismo tiempo en la consciencia el hecho traumático por una parte (una red mnemónica encapsulada, similar a un quiste de recuerdos) y el momento presente por otra (con todas las demás redes mnemónicas debidamente interrelacionadas), ambas redes comienzan a establecer conexiones que permitan la entrada de material nuevo y el procesamiento adecuado del antiguo. En la práctica clínica del EMDR es un hecho constante comprobar cómo los pensamientos del tipo: “Soy una persona sucia” o “Soy culpable de lo que pasó”, pertenecientes a las redes mnemónicas disfuncionales y encapsuladas, comienzan a dejar paso a “Era una niña de siete años, yo no tuve culpa de nada” o “Aquello fue un accidente del que nadie tuvo la culpa”. Así, las antiguas redes congeladas en estado de trauma son procesadas, el material es descongelado y los sentimientos de horror, miedo o vergüenza quedan conectados con el momento presente, perdiendo así su capacidad perturbadora.

Teoría de la Autosanación Mental y explicación de algunas de las incógnitas

Esta teoría del procesamiento adaptativo de la información presupone la existencia de un mecanismo neurológico, natural, de autocuración mental, similar al que existe a nivel general del organismo: Una herida en un brazo tiende de manera natural a cicatrizar y cerrarse; los patógenos causantes de una afección bacteriana o viral, son inmediatamente atacados por un sistema inmunitario en constante estado de alerta. La fiebre, por ejemplo, es una manifestación de ese esfuerzo del organismo por recuperar la salud y el equilibrio. De la misma forma que nuestro cuerpo se defiende de las lesiones y los patógenos, nuestra mente estaría también capacitada para detectar y sanar los traumas psicológicos, aunque tanto sus métodos como las señales de alarma por las que se guiaría serían, lógicamente, diferentes. No se trata en este caso de detectar heridas o microorganismos.

Para localizar las lesiones o traumas, el cerebro se mantendría permanentemente a la búsqueda de redes mnemónicas encapsuladas que, siguiendo la teoría, es la forma que tomarían aquellas redes de recuerdos que fueron procesadas incorrectamente en su momento y persisten en estado perturbador. Una vez detectadas, nuestro cerebro intentaría reprocesarlas, conectando su contenido con el resto de los contenidos e integrando y organizando ese material aislado. Para reprocesarlas, lo primero que tendría que hacer sería, lógicamente, activar ese material (o abrir el fichero dañado, utilizando un símil informático), lo que provocaría que el recuerdo aflorara inmediatamente en la conciencia de la persona. Debido a que esta red mnemónica tendría entre su contenido el material emocional perturbador que se guardó en su momento, la ansiedad y el terror aparecerían de nuevo, volviendo a perturbar el correcto reprocesamiento e interconexión del material traumático.

Así, nuestro cerebro intentaría una y otra vez, y sin éxito, establecer las conexiones necesarias para la solución del problema, lo que explicaría uno de las características sorprendentes de las que hablábamos al referirnos al TEPT: El hecho de que el trauma se re-experimente una y otra vez. Desde esta óptica, estos síntomas serían la manifestación externa de los esfuerzos de nuestro cerebro por reprocesar el material perturbador. Unos esfuerzos que no llegarían a alcanzar su objetivo, lo que mantendría al sistema en un estado de bucle sin salida. Tanto los recuerdos invasivos, como las pesadillas y los episodios de flahsback serían intentos fallidos de reprocesar y reconectar la red mnemónica disfuncional.

Al hablar de las características del trastorno por estrés post traumático señalábamos otro hecho sorprendente: Que los pacientes sean incapaces de poner palabras a lo que les había sucedido. Desde la perspectiva de la teoría del procesamiento adaptativo de la información esto tendría una explicación sencilla: Dado que las redes mnemónicas del trauma se encontrarían sumamente aisladas, es imposible que pudieran enlazar con las áreas cerebrales del hemisferio izquierdo, encargadas del lenguaje, concretamente las áreas de Broca y de Wernicke.

La dimensión neurológica: Breves apuntes de la investigación en Neurociencia

El volumen de investigación que el EMDR ha generado en el campo de las Neurociencias y la extrema complejidad de algunas de las hipótesis y modelos experimentales, no permite que este artículo se encargue de tratarlas con detalle. Sí es necesario dejar constancia de que, a día de hoy, ninguno de los estudios e hipótesis ha conseguido demostrar ser completamente correcto. En su lugar existen varias líneas de investigación abiertas que aportan cierta luz, aunque debido al estado embrionario de la propia disciplina de la Neurociencia es difícil precisar la distancia que resta hasta la completa explicación.

Algunos investigadores (Stickgold Christman y Garvey) han señalado la relación existente ente el EMDR y el sueño MOR, caracterizados ambos por un rápido movimiento ocular. La relación entre el sueño MOR y los procesos de memoria está constatada desde hace tiempo; así, una de las hipótesis sobre las funciones del sueño es que se trataría de un mecanismo de revisión, borrado y procesamiento de recuerdos. A favor de esta hipótesis, hay evidencia experimental que demuestra que una tarea recién aprendida se recuerda mejor si tras las sesiones de aprendizaje se le permite al sujeto dormir algunas horas. De esta forma el EMDR induciría cambios en la activación regional del cerebro y en la neuromodulación, similares a los produciría el sueño MOR.

En otra línea, Rauch y Van Der Kolk demostraron mediante tomografía por emisión de positrones que los cerebros de las personas aquejadas de trastorno por estrés post traumático mostraban mayor activación del hemisferio derecho mientras narraban su historia. Al mismo tiempo, el hemisferio izquierdo (responsable del lenguaje) parecía completamente apagado, según sus autores. Tras algunas sesiones de EMDR, sus cerebros volvieron a ser escaneados y se constató un importante cambio en los patrones metabólicos y de activación, lo que demuestra la capacidad del EMDR para modificar el sustrato neurológico del cerebro.

La idea de que el EMDR pudiera inducir una sincronización de los hemisferios cerebrales ha tomado fuerza en los últimos años. Es mucha la evidencia experimental que demuestra que existe una cierta asimetría en el procesamiento de los emociones a nivel neurológico. Así, autores como Keller han propuesto la hipótesis de que determinados trastornos estarían relacionados con un patrón de activación asimétrico de uno de los dos hemisferios. Al estimular ambos hemisferios con el movimiento ocular, el EMDR provocaría una activación sincronizada que traería como consecuencia un procesamiento integrativo de la información.

Para otros investigadores, como Daniel, la clave del EMDR no estaría en la sincronización hemisférica, sino en su capacidad de reducir la activación neurológica en la corteza cingulada anterior, los ganglios basales y la actividad de la región profunda del sistema límbico, áreas muy relacionadas con la actividad emocional. Este autor basa su teoría en un conjunto de experimentos en que se sometía a pacientes con TEPT a tomografía por emisión de positrones antes y después del tratamiento con EMDR. En ellas se constataba una disminución del metabolismo en las áreas cerebrales mencionadas.

Conclusiones

El EMDR es una poderosa técnica de tratamiento psicoterapéutico que paulatinamente va extendiendo su campo de aplicación hacia trastornos más alejados del estrés post traumático, tales como ansiedad, fobias o dolor crónico. Sin embargo estamos muy lejos de comprender los mecanismos neurológicos que subyacen a su efectividad. El desarrollo del campo de las Neurociencias y el crecimiento exponencial de líneas de investigación cuyo objetivo es analizar en tiempo real los cambios metabólicos del cerebro, ha ido generando una gran cantidad de datos. Sin embargo, será preciso más tiempo para tener una respuesta definitiva.

En realidad el enigma no es tanto el EMDR como el propio cerebro. A pesar de varias décadas de investigación neurológica con ayuda de tecnologías como la tomografía axial computerizada, la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones, es mucho lo que se desconoce del funcionamiento normal del cerebro y de la forma en que ejecuta sus procesos. Resulta por tanto muy complicado explicar el mecanismo de acción de una técnica psicoterapéutica cuando no tenemos suficientes certezas sobre cuál es su funcionamiento espontáneo. Es de esperar, por tanto, que la incipiente revolución de las Neurociencias aporte avances significativos en los próximos años.

Mientras tanto, la efectividad clínica del EMDR permitirá que miles de personas, como hasta ahora, se beneficien de un método que les ayude en su lucha contra las devastadoras consecuencias del trauma psicológico.

Manuel Vitutia Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias.

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EMDR: Reprocesamiento de Redes Neuronales para el tratamiento del trauma psicológico by Manuel Vitutia Ciurana is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

EMDR Institute USA:
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