EMDR III: Reprocesamiento de Redes Neuronales para el tratamiento del trauma psicológico

Con este tercer post sobre la terapia , da continuidad al artículo posteado aquí. Síguele la pista desde el link: EMDR II

¿Por qué según la teoría del procesamiento adaptativo de la información funciona el ?

En las víctimas de abuso sexual, por ejemplo, es frecuente que cuando se les pregunta acerca de qué pensamientos les vienen a la cabeza al recordar las agresiones, refieran ideas de culpabilidad y sentimientos de suciedad hacia si mismas. Sin embargo es posible que hayan transcurrido varias décadas y, de manera racional, la víctima reconozca que es absurdo tener sentimiento de suciedad por haber sido una víctima; racionalmente la persona puede entender, con toda razón, que no es lógico sentirse culpable por haber sido abusada a los siete años de edad por un adulto; pero cuando recuerdan el , las pensamientos de culpa y suciedad afloran de manera automática. Este fenómeno es común a todos los casos de estrés post traumático: Emociones o ideas que, enjuiciadas a la luz del presente, no tienen ningún sentido y que, sin embargo, se activan de forma inmediata en cuanto se recuerda algún elemento del hecho perturbador.

Según la teoría del procesamiento adaptativo de la información, ésta sería una prueba de que los hechos traumáticos se mantienen almacenados al margen del resto de la biografía, como congelados en aquel preciso instante de horror. La niña de siete años sintió una profunda sensación de suciedad y culpa que quedó grabada en su memoria; para esa niña, treinta años después, la idea de que ser víctima de un abuso convierte a alguien en sucia es racionalmente absurda. Sin embargo, estos pensamientos del presente, parecen incapaces de hacer mella en las viejas emociones e ideas detenidas del trauma. Así que cada vez que recuerda los hechos vuelve a experimentar aquel miedo, aquella vergüenza y aquella culpa, exactamente igual que los sintió la niña de siete años.

Para la teoría del procesamiento adaptativo de la información, la razón de que el EMDR funcione radica precisamente en su capacidad de conectar el presente y el pasado, y establecer entre ellos las conexiones neurológicas necesarias. Esto se lograría mediante el reparto de la atención. El término , utilizado con frecuencia para describir este fenómeno, hace referencia al hecho de que durante una sesión de EMDR la persona se ve obligada a dividir su atención entre el aquí y ahora (el movimiento del dedo) y el pasado (los recuerdos del trauma). Al mantener al mismo tiempo en la consciencia el hecho traumático por una parte (una red mnemónica encapsulada, similar a un quiste de recuerdos) y el momento presente por otra (con todas las demás redes mnemónicas debidamente interrelacionadas), ambas redes comienzan a establecer conexiones que permitan la entrada de material nuevo y el procesamiento adecuado del antiguo. En la práctica clínica del EMDR es un hecho constante comprobar cómo los pensamientos del tipo: “Soy una persona sucia” o “Soy culpable de lo que pasó”, pertenecientes a las redes mnemónicas disfuncionales y encapsuladas, comienzan a dejar paso a “Era una niña de siete años, yo no tuve culpa de nada” o “Aquello fue un accidente del que nadie tuvo la culpa”. Así, las antiguas redes congeladas en estado de trauma son procesadas, el material es descongelado y los sentimientos de horror, miedo o vergüenza quedan conectados con el momento presente, perdiendo así su capacidad perturbadora.

Teoría de la Autosanación Mental y explicación de algunas de las incógnitas

Esta teoría del procesamiento adaptativo de la información presupone la existencia de un mecanismo neurológico, natural, de autocuración mental, similar al que existe a nivel general del organismo: Una herida en un brazo tiende de manera natural a cicatrizar y cerrarse; los patógenos causantes de una afección bacteriana o viral, son inmediatamente atacados por un sistema inmunitario en constante estado de alerta. La fiebre, por ejemplo, es una manifestación de ese esfuerzo del organismo por recuperar la salud y el equilibrio. De la misma forma que nuestro cuerpo se defiende de las lesiones y los patógenos, nuestra mente estaría también capacitada para detectar y sanar los traumas psicológicos, aunque tanto sus métodos como las señales de alarma por las que se guiaría serían, lógicamente, diferentes. No se trata en este caso de detectar heridas o microorganismos.

Para localizar la lesiones o traumas, el cerebro se mantendría permanentemente a la búsqueda de redes mnemónicas encapsuladas que, siguiendo la teoría, es la forma que tomarían aquellas redes de recuerdos que fueron procesadas incorrectamente en su momento y persisten en estado perturbador. Una vez detectadas, nuestro cerebro intentaría reprocesarlas, conectando su contenido con el resto de los contenidos e integrando y organizando ese material aislado. Para reprocesarlas, lo primero que tendría que hacer sería, lógicamente, activar ese material (o abrir el fichero dañado, utilizando un símil informático), lo que provocaría que el recuerdo aflorara inmediatamente en la conciencia de la persona. Debido a que esta red mnemónica tendría entre su contenido el material emocional perturbador que se guardó en su momento, la ansiedad y el terror aparecerían de nuevo, volviendo a perturbar el correcto reprocesamiento e interconexión del material traumático.

Así, nuestro cerebro intentaría una y otra vez, y sin éxito, establecer las conexiones necesarias para la solución del problema, lo que explicaría uno de las características sorprendentes de las que hablábamos al referirnos al : El hecho de que el trauma se re-experimente una y otra vez. Desde esta óptica, estos síntomas serían la manifestación externa de los esfuerzos de nuestro cerebro por reprocesar el material perturbador. Unos esfuerzos que no llegarían a alcanzar su objetivo, lo que mantendría al sistema en un estado de bucle sin salida. Tanto los recuerdos invasivos, como las pesadillas y los episodios de flahsback serían intentos fallidos de reprocesar y reconectar la red mnemónica disfuncional.

Al hablar de las características del trastorno por estrés post traumático señalábamos otro hecho sorprendente: Que los pacientes sean incapaces de poner palabras a lo que les había sucedido. Desde la perspectiva de la teoría del procesamiento adaptativo de la información esto tendría una explicación sencilla: Dado que las redes mnemónicas del trauma se encontrarían sumamente aisladas, es imposible que pudieran enlazar con las áreas cerebrales del hemisferio izquierdo, encargadas del lenguaje, concretamente las áreas de Broca y de Wernicke.

La dimensión neurológica: Breves apuntes de la en Neurociencia

El volumen de investigación que el EMDR ha generado en el campo de las y la extrema complejidad de algunas de las hipótesis y modelos experimentales, no permite que este artículo se encargue de tratarlas con detalle. Sí es necesario dejar constancia de que, a día de hoy, ninguno de los estudios e hipótesis ha conseguido demostrar ser completamente correcto. En su lugar existen varias líneas de investigación abiertas que aportan cierta luz, aunque debido al estado embrionario de la propia disciplina de la Neurociencia es difícil precisar la distancia que resta hasta la completa explicación.

Algunos investigadores (Stickgold Christman y Garvey) han señalado la relación existente ente el EMDR y el sueño MOR, caracterizados ambos por un rápido movimiento ocular. La relación entre el sueño MOR y los procesos de memoria está constatada desde hace tiempo; así, una de las hipótesis sobre las funciones del sueño es que se trataría de un mecanismo de revisión, borrado y procesamiento de recuerdos. A favor de esta hipótesis, hay evidencia experimental que demuestra que una tarea recién aprendida se recuerda mejor si tras las sesiones de aprendizaje se le permite al sujeto dormir algunas horas. De esta forma el EMDR induciría cambios en la activación regional del cerebro y en la neuromodulación, similares a los produciría el sueño MOR.

En otra línea, Rauch y Van Der Kolk demostraron mediante tomografía por emisión de positrones que los cerebros de las personas aquejadas de trastorno por estrés post traumático mostraban mayor activación del hemisferio derecho mientras narraban su historia. Al mismo tiempo, el hemisferio izquierdo (responsable del lenguaje) parecía completamente apagado, según sus autores. Tras algunas sesiones de EMDR, sus cerebros volvieron a ser escaneados y se constató un importante cambio en los patrones metabólicos y de activación, lo que demuestra la capacidad del EMDR para modificar el sustrato neurológico del cerebro.

La idea de que el EMDR pudiera inducir una sincronización de los hemisferios cerebrales ha tomado fuerza en los últimos años. Es mucha la evidencia experimental que demuestra que existe una cierta asimetría en el procesamiento de los emociones a nivel neurológico. Así, autores como Keller han propuesto la hipótesis de que determinados trastornos estarían relacionados con un patrón de activación asimétrico de uno de los dos hemisferios. Al estimular ambos hemisferios con el movimiento ocular, el EMDR provocaría una activación sincronizada que traería como consecuencia un procesamiento integrativo de la información.

Para otros investigadores, como Daniel, la clave del EMDR no estaría en la sincronización hemisférica, sino en su capacidad de reducir la activación neurológica en la corteza cingulada anterior, los ganglios basales y la actividad de la región profunda del sistema límbico, áreas muy relacionadas con la actividad emocional. Este autor basa su teoría en un conjunto de experimentos en que se sometía a pacientes con TEPT a tomografía por emisión de positrones antes y después del tratamiento con EMDR. En ellas se constataba una disminución del metabolismo en las áreas cerebrales mencionadas.

Conclusiones

El EMDR es una poderosa técnica de tratamiento psicoterapéutico que paulatinamente va extendiendo su campo de aplicación hacia trastornos más alejados del estrés post traumático, tales como ansiedad, fobias o dolor crónico. Sin embargo estamos muy lejos de comprender los mecanismos neurológicos que subyacen a su efectividad. El desarrollo del campo de las Neurociencias y el crecimiento exponencial de líneas de investigación cuyo objetivo es analizar en tiempo real los cambios metabólicos del cerebro, ha ido generando una gran cantidad de datos. Sin embargo, será preciso más tiempo para tener una respuesta definitiva.

En realidad el enigma no es tanto el EMDR como el propio cerebro. A pesar de varias décadas de investigación neurológica con ayuda de tecnologías como la tomografía axial computerizada, la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones, es mucho lo que se desconoce del funcionamiento normal del cerebro y de la forma en que ejecuta sus procesos. Resulta por tanto muy complicado explicar el mecanismo de acción de una técnica psicoterapéutica cuando no tenemos suficientes certezas sobre cuál es su funcionamiento espontáneo. Es de esperar, por tanto, que la incipiente revolución de las Neurociencias aporte avances significativos en los próximos años.

Mientras tanto, la efectividad clínica del EMDR permitirá que miles de personas, como hasta ahora, se beneficien de un método que les ayude en su lucha contra las devastadoras consecuencias del trauma psicológico.

Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias. manuelvitutia@gmail.com

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