EMDR: Reprocesamiento de Redes Neuronales para el tratamiento del trauma psicológico

 

¿Qué es el ?

El EMDR es una moderna técnica psicoterapéutica especialmente utilizada en el tratamiento de traumas psicológicos que no han sido debidamente asimilados y procesados por el sujeto. Recibe su nombre del acrónimo inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing, cuya traducción al castellano sería Desensibilización y reprocesamiento por . En su apariencia la mecánica de la técnica es sorprendentemente sencilla: El terapeuta pide al paciente que se concentre en evocar mentalmente los recuerdos perturbadores del pasado, al tiempo que le insta a seguir con los ojos el rápido movimiento de uno de sus dedos.

En ocasiones bastan una o dos sesiones de EMDR para que traumas mantenidos durante años dejen de tener su capacidad perturbadora. Sin embargo esta simplicidad es sólo aparente: El EMDR ha revolucionado el mundo del tratamiento del psicológico y se ha convertido, sin duda, en la técnica psicológica que más volumen de ha generado en los últimos veinte años.

Aunque todavía se desconocen los mecanismos neurológicos por los que actúa, la efectividad del EMDR está sobradamente demostrada. Desde su descubrimiento casual en los años 90 esta técnica ha sido ensayada con toda clase de colectivos víctimas de estrés post traumático: Veteranos de las guerras de Irak, Corea y Vietnam, víctimas de violación y abuso sexual o supervivientes de accidentes y desastres naturales.

Actualmente, existen en el mundo unos 40.000 terapeutas acreditados y formados por las distintas Asociaciones Profesionales de EMDR. En Estados Unidos, su lugar de origen, la Asociación Americana de Psiquiatría determinó en 2004 su utilidad y efectividad en el tratamiento del trauma psicológico. El Departamento de Defensa de EEUU ha ratificado la eficacia del EMDR en la intervención de casos de estrés post traumático en veteranos de guerra, otorgándole la mayor calificación existente: Categoría A, fuertemente recomendado. Su uso también está extendido entre los profesionales de salud mental de países como Irlanda e Israel, lugares donde ha tenido una extraordinaria acogida dada la alta incidencia de estrés post traumático causado por ataques terroristas. En España son muchos los colectivos que se han formado en la aplicación del EMDR: Terapeutas de los equipos de intervención en emergencias y catástrofes, quienes trabajan con víctimas de violencia machista o los que componen los equipos psicológicos que se desplazan a zonas en conflicto.

El hecho de que su conocimiento a nivel popular no esté tan extendido como otras técnicas psicoterapéuticas se debe principalmente a dos razones: La primera es su relativa novedad, ya que aunque las bases teóricas fueron establecidas a principio de los años noventa, su aplicación generalizada a la psicoterapia ha sido bastante más reciente. La segunda razón es su asociación casi exclusiva con un trastorno, el Trastorno por Estrés Postraumático, cuya incidencia en la población general es menor que otros como la depresión, las fobias o los trastornos de ansiedad. Sin embargo esta circunstancia está cambiando rápidamente, con la ampliación del EMDR a un abanico cada vez mayor de trastornos.

Para aproximarnos a este frente en pleno desarrollo científico, en la frontera entre la y las , un buen comienzo es conocer la naturaleza del trauma y sus consecuencias sobre las personas.

Cuando resulta imposible olvidar: El Trastorno por Estrés Post Traumático ()

Según una de las acepciones de la Real Academia de la Lengua, un trauma es un choque emocional que produce un daño duradero en elinconsciente. Aunque la apelación al inconsciente es ciertamente desacertada, dado que el sufrimiento provocado por traumas psicológicos se vivencia (y mucho) de forma plenamente consciente, esta definición sí recoge dos de los conceptos más importantes que subyacen a la idea de lo traumático. Una es el concepto de daño y la otra es su capacidad de perdurar en el tiempo.

Sería imposible ofrecer desde la psicología una definición única de trauma, dada la multitud de enfoques y corrientes que se han acercado al tema, a veces desde presupuestos completamente enfrentados. Más sencillo, sin embargo, será definir el cuadro clínico que aglutina las consecuencias psicológicas del trauma: El trastorno por estrés post traumático.

Según los manuales de psicodiagnóstico el trastorno por estrés post traumático es una respuesta psicológica tardía a la vivencia de un acontecimiento de naturaleza sumamente estresante, bien sea como víctima directa o bien como testigo. Algunos de los acontecimientos causantes de TEPT más frecuentes en España son: Accidente, violencia machista, abuso sexual, catástrofe natural o intencionada, violación, agresión, perder a algún ser querido de forma violenta o escapar de un intento de asesinato. En ocasiones el hecho traumático ha sucedido sólo una vez, como en el caso de un accidente de tráfico, aunque en otras ocasiones puede tratarse de hechos sostenido en el tiempo, como la violencia machista o el abuso sexual. Aunque éstos son algunos ejemplos de los estresores más comunes, la naturaleza del trauma puede ser diversa, en función de las circunstancias, lugares del mundo y momentos históricos.

Sin embargo, y a pesar de esta diversidad, todos los acontecimientos susceptibles de generar TEPT tienen dos características en común: La primera es que son objetivamente terribles, es decir, que la mayoría de las personas sentirían terror ante ellos; o dicho de otra manera, que no se trata de hechos menores a los que el sujeto dé una importancia exagerada. La segunda característica es que el acontecimiento provoca, ya en ese momento, una intensa sensación de miedo u horror.

Los síntomas del TEPT pueden comenzar inmediatamente después del acontecimiento traumático o demorarse varios meses, aunque lo más frecuente es que surjan nada más producirse y vayan empeorando con el paso del tiempo.

El síntoma central del trastorno por estrés post traumático es la re-experimentación del trauma a través de alguna (o varias) de las siguientes formas:

1. Recuerdos recurrentes del acontecimiento traumático que aparecen de forma repetida, angustiosa e invasiva y están por completo fuera del control de la persona. Estos recuerdos pueden ser imágenes, sensaciones físicas, emociones, percepciones corporales o incluso pensamientos relativos al trauma.

2. Pesadillas recurrentes en los que se revive el acontecimiento de forma sumamente angustiosa.

3. Flahsbacks. Los flahsbacks son episodios disociativos en los que la persona tiene la sensación de estar volviendo a vivir la experiencia. La diferencia con el primer punto es que en este caso no se trata de una imagen mental o un recuerdo, sino de una re-experimentación que puede provocar la pérdida temporal del contacto con la realidad: El sujeto siente que está de nuevo en aquella situación y se siente como se sintió entonces.

Aunque la re-experimentación del trauma es el síntoma central del TEPT, no es la única manifestación del trastorno. Algunas otras son:

  • La persona es incapaz de enfrentarse a estímulos o recuerdos que estén asociados con el trauma, experimentando una sensación insuperable de angustia, palpitación, sudores, temblores, mareos…
  • La persona hace esfuerzos por evitar los pensamientos, conversaciones, lugares o personas que recuerdan al trauma. Es incapaz de narrarlo y no encuentra palabras para hacerlo.
  • Alguna parte importante del acontecimiento ha sido olvidada por completo.
  • La persona sufre falta de interés por participar en las actividades de la vida cotidiana, a la vez que experimenta un profundo desapego del resto de personas. Su vida afectiva se restringe drásticamente o desaparece por completo.
  • La persona tiene la sensación de estar condenada a un futuro sin ninguna esperanza.

 La capacidad devastadora del trastorno por estrés post traumático

A la vista de todos estos síntomas y consecuencias del trauma es fácil comprender en qué medida el TEPT resulta un trastorno sumamente grave. Los individuos no sólo se ven asaltados una y otra vez por el recuerdo de lo sucedido, sino que su funcionamiento general se ve seriamente mermado. Imaginemos una persona que haya sobrevivido a un accidente de circulación en el que su acompañante muriera y él o ella resultaran gravemente mutilad@. Cualquier estímulo que recuerde el accidente tendrá la capacidad de generar una angustia incontrolable, amén de activar la cadena de recuerdos invasivos o los episodios de flahsback. Por lo que, dada la omnipresencia de automóviles en nuestras ciudades, el hecho cotidiano de salir de casa puede convertirse en una actividad problemática.

 Siendo esto sumamente limitante, no lo es tanto como la devastación afectiva que la víctima padece, sobre todo cuando el agente causante del trauma es otro ser humano. Pensemos en una mujer que haya sido víctima de una violación. A todo lo que venimos describiendo (re-experimentación, evitación de los estímulos que recuerden el hecho…) deberemos añadir un elemento sumamente importante: Si el responsable del acontecimiento es el azar o la naturaleza, como en el caso de un accidente o una inundación, resulta más fácil mantener cierto grado de contacto afectivo con el resto de seres humanos; al fin y al cabo ellos no tuvieron nada que ver con aquella desgracia. Sin embargo, si el responsable del acontecimiento traumático fue una persona, como en el caso de una violación, ¿qué expectativas tendrá nuestra víctima del género humano? El cuadro será todavía más grave cuando la persona responsable sea cercana a la víctima, alcanzado su máxima gravedad en los casos de abusos sexuales de un padre sobre su hija.

 Entenderemos con facilidad que su vida afectiva se vea seriamente dañada y que su confianza en otros seres humanos desaparezca por completo. Esto provocará una desoladora sensación de desapego, de aislamiento y de soledad emocional que acabará por anegar todas las facetas de la vida.

Continúa en EMDR II.

Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias. manuelvitutia@gmail.com

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