Eneagrama (tipos de personalidad): Eneatipo ocho, la lujuria

“Siguiendo el hilo de la descripción de los nueve tipos de carácter del , hoy expondré la del Ocho, cuya capital es la y su fijación la ”.

Y, por último, me decido a terminar con este apartado de los tipos básicos de personalidad del , dedicándole este post al , el más intenso de los enatipos. Comenzaré, como siempre, advirtiendo que aquí la lujuria no se entiende al modo cristiano, como la tendencia compulsiva a sobrepasarse con los placeres sexuales (aunque puede que también suceda en algunos ochos), sino como una más general que lleva al lujurioso a una continua búsqueda de intensidad en su vida y un desmedido apetito de poder.

El tipo lujurioso es, como el perfeccionista y el perezoso, instintivo. Sólo que en este caso no nos costará detectar que, efectivamente, estamos ante alguien instintivo, en el sentido vulgar del término. Los ochos son impulsivos, fuertes, dinámicos, inclinados por una tendencia a buscar siempre el poder, a hacer lo que se le viene en gana, como si dijéramos. Son rebeldes hasta un grado máximo, hedonistas, no se conforman con disfrutar sino que lo que les hace sentir vivos es “luchar por conseguir el placer”, en una actitud de poca o ninguna empatía por el otro, que suele convertirse en alguien al cual exprimir o, en el peor de los casos, utilizar como un peón en un tablero de ajedrez.

El enatipo ocho es estratega, no a la manera del tres, sibilina y astuta, sino las más de las veces con la utilización de su fuerza (que es mucha) o el ejercicio de imponer su voluntad, abiertamente, sin tapujos y siempre en pos de conseguir sus objetivos. Pero no nos confundamos, el ocho es un tipo sencillo, más centrado en el presente que en planificar el futuro y, desde luego, muy poco dado a andar dando vueltas al pasado, que considera una pérdida de tiempo o, más acorde a su vocabulario, una gilipollez.

Se trata de tipos prágmaticos, ambiciosos, con una energía tan potente que puede notarse en su físico. Su cuerpo es duro y fuerte (como es también su carácter), ya sean gordos y apretados o delgados y fibrosos. Su mirada es penetrante y fija, y una llega a sentirse realmente fascinada (o asustada) en su presencia. Algunos, los más marcadamente sexuales, son seductores y magnéticos y su comportamiento es tan atrevido que suelen despertar la envidia de otros tipos del Eneagrama, más asustados o pendientes de su imagen.

Y es que los ochos no dan ninguna importancia a lo que los demás puedan pensar de ellos y su conducta va dirigida a satisfacer su necesidad. Claro que su necesidad, como ellos mismos, carece de . Son magnánimos, protectores y sinceros (cuando están sanos) y están dotados, en el fondo, de una energía fresca y espontánea, una especie de ingenuidad infantil que, de niños, probablemente fue doblegada y reprimida.

En sus infancias, solemos encontrar a menudo, historias tremendamente duras y tristes, marcadas por el abandono o los malos tratos y abusos. El ocho, ante esta herida, lo que hace es endurecerse más y más, como diciendo “ahora seré tan fuerte y grande que os joderé yo a vosotros”. De este modo, da la vuelta a la tortilla, y se venga del mundo (su fijación es la venganza) haciendo sentir a los demás, el mismo miedo y humillación que él sintió cuando era una criatura desvalida.

Los ochos, un más habitual entre hombres (aunque también hay mujeres, yo conozco a alguna cercana) pueden dedicarse a grandes obras y misiones vitales (pues tienen fuerza y energía de sobra para ello) y llegan a ser, en el mejor de los casos, carismáticos líderes con una inmensa capacidad de entrega a la causa. Pero también pueden, en los casos menos virtuosos, terminar destrozando sus vidas, en un intento ilimitado de satisfacer sus apetitos. Propensos a los excesos, es habitual que caigan en adicciones de todo tipo o que, en casos extremos, utilicen la violencia y terminen en lugares marginales de la sociedad.

En su vertiente más enferma, el ocho es el psicópata que hará cualquier cosa para conseguir sus fines, incapaz de entender el sufrimiento ajeno (ni el suyo propio, enterrado en lo más hondo de su alma). En la más sana, puede ser alguien protector de los débiles, un justiciero de leyenda, que luchará hasta el fin para defender lo que sabe con sus tripas que es justo. En cualquier caso, será un rebelde desafiante y hará, como dice la canción mexicana “con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”.

Los ochos tienen, en general, un temperamento tranquilo, tipo felino. Pero su furia puede desatarse de un momento a otro, como un volcán. Y en esos momentos es preferible alejarse de su lado, pues literalmente “no ven” y atacarán como un rinoceronte. Una vez que la tormenta ha pasado, el ocho puede darte, también literalmente, un abrazo que te deje sin aliento. Así, sin más. Son como dinamita. Y su compañía puede, por eso, ser vivificante, chispeante, fresca y sincera.

Autosuficientes y poco dados a pedir ayuda, podrás contar con ellos si realmente estás entre sus filas, pero si se siente herido o traicionado (sensación ésta a la cual son muy sensibles) es posible que te aniquile, simbólicamente hablando. Y mientras tú te sientes herido, él o ella ya se han olvidado de ti y andan ya olfateando nuevas presas. Como decía, María Félix, una ocho de leyenda, hermosa y seductora “yo para ti seré una mujer más, pero tú para mí eres un hombre menos”.

Leales y comprometidos, tienen dificultades para conectar con su propio dolor (y el de los demás) y, encerrados en su propia cárcel, finalmente quedan aislados y sin amor, que es lo que más necesitan (aunque no suelen reconocerlo). De esta manera, el niño inocente que fueron, que podrían ser si hicieran un proceso de auto conocimiento profundo, queda enterrado bajo capas y capas de fuego y acero, acallado por los excesos, insensibilizado bajo una paquidérmica, asomando de cuando en cuando a sus ojos chispeantes y vivos, en los que se adivina su virtud, la inocencia.

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Morgana Vitutia Ciurana

Psicóloga, Terapeuta Gestalt y Creadora de Despierta Terapias, síguela en  o en

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