Eneagrama (tipos de personalidad): Eneatipo siete, la gula

“Siguiendo el hilo de la descripción de los nueve tipos de carácter del , hoy expondré la del Siete, cuya capital es la y su fijación la planificación ”.

Si bien la gula puede parecernos (y desde luego así les parece a los y las golosas) un “pecado menor”, eneagramáticamente partimos de la base de que no existen caracteres mejores ni peores y todos ellos tienen un punto ciego, desde el cual distorsionan la visión de sí mismos y del mundo. De este modo, el siete, el más optimista y entusiasta de los tipos, aunque no le guste reconocerlo, tan sólo ve una parte de la realidad: la más hermosa, la más alegre, la más luminosa. Para ello, como es de esperar, ha de idealizarla, pues ya se sabe que no sólo existe el placer, sino que el dolor, como ya dijera Buda, existe.

Los golosos son glotones no sólo de comida (aunque a menudo también), sino, sobre todo, de nuevas ideas, nuevas experiencias que alimenten su necesidad de creer que todo está bien y que el mundo es un gran supermercado lleno de cosas interesantes y apetecibles, que basta con tomar de las baldas. Así, son juguetones y hedonistas, tolerantes y de mentalidad abierta y pueden llegar a ser realmente muy rígidos en su exigencia de que los demás también lo sean y no les “agüen la fiesta”.

Como tipo intelectual (igual que sus vecinos cinco y seis) tiende a vivir en su mente, pero, en este caso, la mente del goloso es, sobre todo, una máquina de planificar. Siempre tienen un plan B por si las cosas se ponen feas y de este modo evitan tocar la frustración, la carencia y el dolor, emociones todas ellas de las cuales el siete huye como de la peste. De esta manera, el encantador siete puede ser superficial y poco perseverante, abandonando cuando la tarea se vuelve repetitiva o aburrida, lo que dificulta que pueda evolucionar verdaderamente.

En cambio, los sietes suelen saber de muchas cosas, siendo, en el fondo, expertos en nada. Como golosos que son, prefieren probar muchos y diversos sabores, como si de esta forma evitaran entrar en contacto con el vacío y a menudo se convierten en grandes catadores, gourmets, buscadores de ofertas y obsesionados con la búsqueda del placer, la cual puede ser compulsiva, al menos cuando la miramos desde fuera.

Idealistas, eternos adolescentes e impulsivos, suelen haber desarrollado un encanto que les hace socialmente atractivos y deseables. Su manera de seducir es diferente de la de los orgullosos, que utilizan el afecto y la emoción. El siete seduce con su mente y, sobre todo, con la palabra. Y verdaderamente los siete suelen ser buenos comerciales, vendedores de ideas y también suelen destacar en la abogacía o la política, profesiones todas ellas que requieren de mucha palabrería.

En presencia de un siete, uno puede sentirse muy bien y es habitual (aunque más en los que tienen más marcado el subtipo sexual o social) que sean estupendos anfitriones, contadores de chistes e historias y siempre dispuestos a divertirse y obtener satisfacción.

En el fondo, toda la energía destinada a ver el lado bueno de las cosas no es más que una defensa para evitar sentirse vacíos, áridos o desconectados. Es posible que su infancia fuera, de hecho, relativamente feliz, sin embargo, una vez comienzan su trabajo personal, es habitual que comiencen a desenterrar (aunque con mucho tiempo y trabajo) emociones de angustia, miedo y tristeza, de las que se han ido desconectando. Emociones que probablemente no estuvieron bien vistas por sus padres, quienes, en mayor o menor medida, manipularon al pequeño goloso para que fuera un buen chico/a, alegre y sociable y no les molestara con cuestiones desagradables.

Y es que el goloso, como tipo mental, está en el fondo, muy asustado. No confía en que las cosas seguirán su curso natural y por eso necesita estar siempre planificando, como quien dice, jugando a ser Dios y tratando de sacar provecho, como si el mundo (y el otro) fuera, no un sujeto, sino un objeto para su propio placer. Este carácter explotador (que comparte con el tres) le genera una importante culpa, y, en algunos casos y subtipos, puede dar como resultado, en un intento compensatorio, una persona realmente sacrificada y entregada a los demás. En estas personas, resulta difícil identificar la gula, que suele aparecer sólo sutilmente, disfrazada de excesiva necesidad de aprecio y aplauso.

Auto-complacientes y amables, simpáticos e idealistas, suelen ser visionarios que tienen la capacidad de generar nuevas ideas para la sociedad. Sin embargo, cuando el siete está más descentrado, puede perder el contacto con la realidad, pintando la vida de rosa y huyendo del conflicto y el dolor, lo que dificulta que puedan perseverar y comprometerse en profundidad. Esto les llena de ansiedad y de culpa, pero, en su “huida hacia adelante”, también apartan estas emociones de su conciencia, convirtiendo la vida en una carrera frenética y sintiéndose cada vez más perdidos y alejados de sí. El miedo, en el siete, se manifiesta sobre todo en forma de ansiedad, ya sea generalizada y apenas consciente, ya de forma concreta, siendo propensos a crisis de ansiedad de divesa índole.

En este sentido, la gula, como todos los pecados, lleva en sí misma la penitencia. El goloso cree que en su búsqueda compulsiva del placer y la libertad se sentirá feliz y pleno, sin darse cuenta que, en esta sistemática evitación del dolor, es cada vez más esclavo de sus caprichos.

Cuando el siete comienza a darse cuenta de su necesidad de contactar también con lo desagradable y va integrando en sí la infelicidad, el enfado, la carencia, la tristeza y caminando, como se suele decir, por su “lado oscuro” va paulatinamente ganando en humanidad y profundidad. Entonces aprende a quedarse donde de verdad quiere quedarse, aunque duela, aunque su imagen idealizada de sí se manche y así, poco a poco, va encontrando más paz y más contacto con lo único que verdaderamente puede satisfacernos: la realidad.

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Morgana Vitutia Ciurana

Psicóloga y Creadora de Despierta Terapias, síguela en  o en

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