Eneagrama (tipos de personalidad): Eneatipo cinco, la avaricia

“Siguiendo el hilo de la descripción de los nueve tipos de carácter del , hoy expondré la del Cinco, cuya capital es la Avaricia y su fijación la tacañería”

En primer lugar, como pasa con el resto de las pasiones, me gustaría aclarar lo que entendemos por avaricia eneagramáticamente hablando. La persona avariciosa no siempre  lo es con los bienes materiales (conozco a algún avaricioso incluso pródigo con su dinero). Se trata más bien de un vivir en retirada, un “no darse”, un desapego que nada tiene que ver con el verdadero desapego espiritual que promueve el Budismo, sino que está basado en la minimización de las necesidades propias (en especial de la necesidad de contacto y relación con los/as demás).

El avaro piensa algo así como que es mejor apañárselas solo y que las relaciones, finalmente, suponen siempre una molestia, un engorro, una invasión de sus límites y una pérdida de libertad personal. Su oscurecimiento óntico, su error fundamental, es que cuanto más desconecta de los y las otras, buscando una mayor independencia, cuanto menos necesita, cuanto más se retira, más seco se siente por dentro. Efectivamente, se trata de un carácter desvitalizado, con tendencia a la . Su falta de impulso vital, su escaso compromiso con la vida y el disfrute de compartir los llena de culpa y frustración. Y es que, en el fondo, ese retirarse y no necesitar de nadie, tiene algo de vengativo.

Este carácter tiene dificultad para enfadarse abiertamente y para poner límites y tal vez por eso, su única defensa contra la invasión consiste en alejarse completamente. Su agresión se manifiesta más bien de forma pasiva, en forma de olvidos, despistes y amargas ironías. También tienden a enfriarse cuando las cosas se ponen conflictivas, desconectándose del otro/a, que a menudo se siente ignorado, ninguneado, no tenido en cuenta o despreciado.

Las personas avaras han sido, o han percibido ser, muy invadidas en su infancia. A menudo se han sentido literalmente “tragados” por una madre absorbente (cuando digo madre, hablo de quien haya realizado la función de maternaje) que, sin embargo, no les contuvo emocionalmente ni les acarició. De esta forma, aprendieron a retirase y desconectarse de sus propios impulsos tiernos. Y es que, de igual manera que el cinco se desconecta del exterior, tiene la capacidad de escindir lo que siente de lo que piensa. Con el tiempo ya ni siquiera sienten nada y acaba por vivir en su mente, casi como si fuera una computadora humana, enmarañados en sus pensamientos y obsesiones.

A pesar de su dificultad con el contacto físico y el compromiso, muy en su interior, hay un niño o una niña extremadamente sensible, que tuvo que desconectarse para sobrevivir.

Los cinco son personas objetivas, con la mente clara y gran facilidad para acumular datos y conocimiento. La bibliotecaria que vive tranquila entre sus libros y sus gatos, el profesor chiflado, la científica dedicada, el ingeniero exacto. Y, en el extremo más loco, es el autista que no puede relacionarse con su entorno, aquél que rompió por completo el puente que le une a la realidad.

Como tipo de pensamiento (igual que sus vecinos seis y siete) se maneja más con su mente, a la cual se aferra como un náufrago a la deriva, lleno de miedo. Además, se trata de un tipo muy auto-consciente, que sabe lo que le pasa y por qué le pasa y se tiene analizado y más que analizado. No obstante, no tiene ni idea de qué ha de hacer para cambiar. Y si lo sabe, no lo hace, entrando así en una espiral de inactividad y parálisis. Pareciera que le falta el motor de arranque, la chispa que pone en marcha el movimiento.

Su cuerpo suele ser desgarbado y flaco, con poca forma física. Se vinculan al mundo a través de muy pocas personas, en algunos casos sólo a través de una, como sucede con los tipos más sexuales.  Tienden a mantener a sus contactos en diferentes compartimentos, sin mezclar, jamás, por ejemplo, amigos y pareja o familia.

Tienen escasas amistades y les gusta mantener su intimidad y su espacio propio, por lo que suelen ser reservados y poco dados a intimar. Aunque no siempre son tímidos/as es difícil que se abran y confíen: están demasiado asustados/as. Además, cualquier acercamiento emocional excesivo les pertuba y asusta, recordándoles la herida inicial y demostrándoles de nuevo la veracidad de su hipótesis: el amor no es buen negocio. Y al final, se sufre y se hace sufrir. Y si algo aterroriza a los cinco es el dolor emocional. Con este mapa, no es de extrañar que huyan de compromisos y vínculos intensos y se sientan más relajados en ambientes poco exigentes emocialmente, donde uno “vive y deja vivir”.

A pesar de ello, necesitan el contacto físico y la ternura casi como el aire que respiran y, en la intimidad de una relación muy segura, son cariñosos/as y dedicados/as. A menudo son buenos cuidadores/as, personas que no soportan la violencia en ninguna de sus formas, pacíficos/as y sensibles, ecuánimes y buenos consejeros, amigos/as de niños/as y animales y en cierta forma empáticos con lo frágil.

Retirados en su castillo, rodeados de sus pertenencias o bien en los laberintos de su propia mente, aparecen como débiles, marchitos, lánguidos o deprimidos. En casos concretos, pueden mostrarse algo arrogantes y despectivos (sobre todo en los que tienen más componente social). Algunos individuos (no muchos) son más bulliciosos y simpáticos. Pero incluso en éstos, su falta de energía les llevará a intercalar cortos de períodos de intensa actividad social con temporadas de aislamiento total. Y es que el contacto les agota y suelen necesitar de soledad para “recargar la pila”.

El mundo interno del avaro es seco, estéril y carente. Sienten que verdaderamente tienen muy poco y por eso lo acumulan, en un intento vano de auto-conservarse. Sobre todo, atesoran conocimiento, sin verse nunca del todo preparados para dar el salto al mundo real. La acción a menudo se ve postergada, en beneficio de la planificación de la misma, con lo que su inseguridad aumenta, llevándoles a buscar más datos y conocimiento, cerrándose así el círculo vicioso de la .

Parafraseando a Claudio Naranjo, a quien cito textualmente: “a diferencia de la depresión de los cuatro, que es como un pantano, la de los cinco es como un desierto”. Les cuesta conectar de veras con esa de fondo y en su defecto sólo sienten culpa y un sordo resentimiento no del todo expresado.

Cuando el cinco empieza a conectarse de verdad con sus , sus sentimientos y su corporalidad, poco a poco va reenergetizándose y encontrando que tiene más de lo que creía tener, saliendo de la espiral de carencia-avaricia-retirada-culpa, perdiendo un poco el miedo a pedir y a dar y enfangándose más en la vida: al final son niños/as grandes que tienen miedo a jugar fuerte.

Espero haberos ayudado. Me consta que muchos cinquitos leerán este post y no harán ningún comentario jajaja, pese a lo cual todo mi cariño desde aquí. Y, como siempre, si te ha gustado  ¡no seas avaro/a, comparte!

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Morgana Vitutia Ciurana

Psicóloga y Creadora de Despierta Terapias, síguela en  o en

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