No se moleste: El Sentido de la Vida no es un llavero

Siempre que escucho a alguien afirmar que está buscando el sentido de su vida o que, debido a algún acontecimiento vital difícil, lo ha perdido, le pregunto por el color y la forma de ese sentido y, en todo caso, si recuerda dónde lo vio por última vez. Sólo sabiendo estos detalles estaremos capacitados para buscarlo mejor. Normalmente el planteamiento resulta chocante, a veces comprensiblemente irritante pero casi siempre útil para iluminar algo bastante obvio: Que el sentido de nuestra vida no es un llavero que se pueda perder o encontrar, ni tampoco una de esas ginkanas en la que uno va siguiendo pista tras pista hasta encontrar el tesoro escondido que otorgue significado a todo el recorrido.

En realidad, ni usted, ni yo, ni nadie, conoce ni conocerá nunca si existe algo llamado sentido de la vida, ni cuál sería la forma de hallarlo si es que es algo que pueda ser hallado en el recodo de un camino, con ayuda de la oración, tras un peregrinaje al Tíbet o gracias a una relación amorosa. No. Y quizá todo sería más fácil así, es cierto, pero de veras que lo lamento: Si usted comienza a buscar el sentido de su vida se encontrará con muchas creencias y opiniones, muchas religiones y filosofías, muchas discrepancias y también muchos charlatanes. Es decir, se encontrará con cosas, conceptos y opiniones tan válidos como las suyas. ¿Acaso no tiene ya una idea de lo que significa la vida para usted? ¿No tiene ya una opinión, más o menos sólida, de lo que significa ser humano, o de la espiritualidad o la trascendencia, el amor, el alma, la amistad, la vejez, la felicidad o la muerte? Más la valdrá entonces dejar de buscar el sentido de la vida como si se tratara de algo existente ahí fuera y comenzar a construir o fortalecer ese algo que ya tiene ahí dentro. 

Con esto no pretendo alentarle para que se entregue al oscuro pesimismo existencial o engrose la ya inacabable lista de personas al servicio de los balances contables de la industria farmacéutica. La única idea que quiero transmitir es que deje de buscar el sentido de la vida y se dedique a construirlo, a elegirlo, a robustecerlo. Usted no es pedazo de carne sintiente arrojado a un mundo enigmático, no es un desvalido Yo perdido en un laberinto de seres. Es posible que se sienta así algunas veces, es verdad. Es incluso hasta posible que se sienta así la mayoría del tiempo si ha puesto empeño en ello, pero esencialmente usted tiene todas las herramientas necesarias para plantearse las cosas de otra forma.

Bien. ¿Qué le propongo? Básicamente que deje de esperar a que se le solucione el enigma. Si está aguardando algún tipo de Revelación, Insight, Certeza o Epifanía tiene todas las papeletas de quedarse como el personaje del cuadro de Eduard Munch que hay sobre estas líneas. Es cierto que puede parecer que a lo largo de la historia a algunas personas no les ha ido mal así. ¿Acaso no ha habido, en todas las épocas y culturas, seres humanos que han recibido la Iluminación de golpe? Sí, las ha habido: Místicos, profetas, líderes espirituales o sencillamente personas que han comprendido súbitamente qué idea o misión debía guiar su vida. No niego que puedan existir atajos o seres privilegiados, aunque piénselo usted bien: Si un ermitaño recibe su Iluminación después de permanecer diez años en una cueva, sin hablar con nadie ni comer otra cosa que pan duro, entregado a la meditación ¿podría decirse que esa Luz es fruto de la casualidad, que no estaba haciendo nada y que menudo enchufado? Cuando Buda se sentó bajo a el árbol Bodhi a aguardar la Iluminación lo hizo tras años  y años de peregrinar, meditar, ayunar, orar y mirar en su interior. Si en el momento en el que el plácido Buda alcanzó la Iluminación nos hubiéramos acercado y le hubiéramos dicho que menuda suerte que había tenido, que entender los secretos de la vida así, en un momento, sin hacer nada, sólo por estar ahí sentado a la sombra… es muy posible que nos hubiera mirado de forma inadecuada para un Buda de la Compasión y el Amor a todas las criaturas.

En el mundo hay tantos sentidos, tantas finalidades, como seres. Lo que es la Verdad de unos es el embrollo de otros. Las Cuatro Nobles Verdades de Buda pueden no significar nada para usted. Es cierto que todos somos afluentes del mismo río de la existencia, pero también lo es que no existen dos afluentes que discurran igual, ni que alberguen en sus aguas los mismos peces o formas de vida. Hay personas que se consagran a la defender los Derechos Humanos, otros a educar sabiamente a sus hijos; algunos parten hacia la Antártida para proteger el equilibrio del ecosistema planetario, otros construyen su felicidad cultivando un pequeño huerto detrás de casa. Hay quien entiende que el sentido de su vida es la música, o escribir poesía, o entregarse al cuidado de los demás o recorrer el mundo o conducir motos. Sea cual sea su causa, sea cual sea su sentido o su finalidad, es a usted a quien corresponde construirlo. Encontrar un Gurú es una experiencia maravillosa si somos capaces de aprender de él o ella y después contradecirle. Las Fés, los Cultos, las Religiones, los Compromisos… todo ello puede dotarnos de algún sentido sólo si mueven los engranajes de nuestra propia individualidad, sólo si promueven nuestra reflexión interna, nuestra construcción.

Quizá todo lo dicho puede resumirse en: Deje de buscar el sentido de su vida y Constrúyalo de una vez; no delegue esa responsabilidad en nadie, no se siente a esperar la caída del maná o la Revelación en forma de sueño o visión o certeza. Constrúyalo. Dicho lo cual puede usted pensar que este post no es de gran ayuda porque le devuelve a la misma situación en la que ya se encontraba: Sin ninguna seguridad, ningún camino trazado y alguna que otra contradicción que no entiende. Y es cierto, pero ¿de verdad esperaba que otro ser humano igual que usted, que ni siquiera conoce, le iba a montar un puzzle del que es usted el que mejor conoce las piezas?

 Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias .

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