¿Qué son los sueños lúcidos?

Un es técnicamente un como otro cualquiera, aunque con la notable peculiaridad de que el soñador o soñadora sabe que está soñando, lo que le otorga cierta capacidad de controlar lo que sucede y continuar soñando según su voluntad.

Si nos atenemos a los datos de las investigaciones de algunas facultades de , uno de cada tres lectores de este artículo recordará haber experimentado al menos un sueño lúcido en algún momento de su vida y uno de cada diez será un soñador lúcido espontáneo, es decir, una persona con uno o dos al mes.

Es oportuno señalar que estos porcentajes se refieren a personas adultas, ya que la mayoría de estudios muestran que los niños y niñas son soñadores lúcidos naturales: Antes de la edad de diez años, alrededor del 60% viene a experimentar un sueño lúcido al mes, porcentaje que disminuye drásticamente a partir de los doce años de edad y que sugiere una posible función evolutiva de este tipo de sueños en el desarrollo psicológico de las personas.

Siendo un fenómeno completamente natural, la existencia de los sueños lúcidos probablemente fuera conocida desde la antigüedad más remota; aunque lógicamente nosotros no podamos aseverarlo si no contamos con testimonios escritos. Una de las primeras menciones sobre el tema corre a cargo de Homero quien, en su obra La Odisea, pone la en boca de uno de sus personajes. También en la Grecia Clásica, Aristóteles hizo mención del fenómeno y a partir de ese momento son innumerables los documentos sobre el tema: Filósofos como San Agustín, Santo Tomás, Descartes o Nietszche dijeron haberlos experimentado en alguna ocasión o reflexionaron sobre su naturaleza y circunstancias. Sin embargo fue a partir del siglo XIX, con la obra de Léon d’Hervey de Saint-Denys, “Los sueños y cómo dirigirlos” cuando el tema empezó a cobrar popularidad en occidente. 

En muchas sociedades distintas a la occidental, sin embargo, los sueños lúcidos han desempañado un papel muy importante en el folclore y la expresión cultural, alcanzando en algunas el estatus de vía de crecimiento espiritual y comunicación con otras realidades. Éste es el caso de los Senoi, una etnia malaya que otorga tanta importancia y dedica tanto tiempo al control de los sueños, que algunos antropólogos han llegado a afirmar que para ellos los sueños tienen tanta relevancia como la realidad. Éste es también el caso del budismo tibetano, donde la práctica de la lucidez ha alcanzado un nivel de desarrollo teórico y práctico que justificaría con mucho un artículo monográfico.

Únicamente señalaré aquí que la rama tibetana del budismo es la más antigua y conserva todavía muchos elementos místicos y mágicos de las prácticas chamánicas anteriores a la llegada de la doctrina de Buda. Esta religión pre-budista, llamada Bön, ya otorgaba a la lucidez onírica una gran importancia y desarrolló diversos y complejos métodos para controlar los sueños con, al menos, dos objetivos: El primero como preparación para el día de la muerte y el segundo como parte de su entrenamiento en uno de los postulados filosóficos que más tarde compartiría con el budismo: La naturaleza ilusoria de la realidad, que toda realidad no es más que un estado mental y que podemos escapar al engaño de los sentidos cuestionando la veracidad de lo que nos rodea.

Esta perspectiva filosófica de cuestionamiento de la realidad es, al mismo tiempo, una de las técnicas utilizadas para entrenarse en la lucidez y, probablemente, la más sencilla para cualquier persona que quiera comenzar a tener sueños lúcidos. Al final del artículo daré una breve directriz para quien desee comenzar una experimentación personal.

Al hilo de esto, del sentido de realidad, viene al caso el reflexionar brevemente sobre la naturaleza de los sueños. Y es que mientras soñamos, tendemos a creernos todo lo que nos sucede por muy extraño e ilógico que resulte. Y esto, a pesar de la enorme cantidad de elementos absurdos e imposibles que suelen poblar nuestras ensoñaciones: Así, podemos salir a trabajar una mañana, poner el pie en la calle y encontrarnos de pronto huyendo de una horda de zombis, salida de Dios sabe dónde. No importa que los zombis sólo existan en las películas, ni que a cada instante vayamos saltando de un lugar a otro sin caer en la cuenta de que hace un minuto estábamos escapando a través de un sótano húmedo y oscuro y ahora estemos siendo perseguidos en lo alto de una pirámide Maya: Mientras dormimos, nuestra capacidad de evaluar la realidad se adormece también y sólo cuando despertamos caemos en la cuenta, con alivio y cierto sentido del ridículo, de que todo aquello no era más que un sueño.

Alcanzar la lucidez en sueños consiste precisamente en vencer esa ciega credulidad a lo que nos dicen los sentidos, ese estado de aturdimiento crítico en el que permanecemos mientras dormimos. Y siguiendo el ejemplo anterior, en no caer en el engaño de creer que nuestra ciudad ha amanecido un buen día poblada por zombis, cosa absolutamente imposible si estamos usando el término zombi en su sentido literal.

Llegados a este punto es posible que pueda usted preguntarse: ¿Pero por qué va a querer alguien alcanzar la lucidez en sueños? Pues bien, la respuesta es que sólo usted puede saberlo: Actualmente miles de personas practicamos esta disciplina -llamada onironaútica- con fines muy diferentes. Yo mencionaré algunos de los más comunes, aunque es seguro que usted pueda encontrar otros, exclusivamente suyos y totalmente personales.

La primera razón para buscar la lucidez y, sin duda una razón lícita es: Por pura diversión. Cuando usted se hace consciente de que está soñando (cuando se vuelve lúcido o lúcida, en la expresión habitual de los onironautas) adquiere cierta capacidad de controlar el sueño, una capacidad que será escasa las primeras veces, pero que irá mejorando con la práctica y evolucionará hasta permitirle un dominio absoluto de lo que sueña y cómo lo sueña. Y sí, efectivamente, esto implica poder hacer cosas imposibles como volar, caminar sobre la Luna, bucear en un arrecife de coral, comer chocolate en cantidades impúdicas o también, para qué vamos a intentar ocultarlo, tener una cita -digámoslo así- con su actor o actriz favorita… En fin, usted elige, sin más restricciones que su imaginación, su voluntad y su entrenamiento.

Aunque la diversión es ya una buena razón para entrenarse en la lucidez, la tiene también finalidades prácticas: Arquitectos y diseñadores la utilizan para construir en sueños sus edificaciones, pasear por ellas y hacerse una idea de los problemas que van a encontrar en su construcción o de qué aspecto tendrán una vez terminadas; también puede utilizarse para combatir pesadillas: Y es que basta con hacerse consciente de que se está soñando para que ese aterrador zombi que nos persigue se convierta en una figura cómica o, si tiene usted experiencia, pueda transformarlo en un osito de peluche.

Al contrario que las personas que utilizan la lucidez para enfrentarse a miedos imaginados como las pesadillas, muchas otras la utilizan para afrontar miedos mucho más reales: Es el caso de quienes tienen miedo a hablar en público, a montar en un ascensor o a pedir un aumento de sueldo al jefe: Los sueños lúcidos son un magnífico campo de entrenamiento para desarrollar habilidades de todo tipo, hasta el punto de que algunos deportistas aseguran que han mejorado notablemente su técnica practicando regularmente en sueños. Y a este infinito potencial tenemos que sumar la ventaja de que nuestros errores no tendrán ningún tipo de consecuencia.

Además de su vertiente lúdica y su utilidad práctica, la lucidez puede perseguirse con fines estéticos, curativos o espirituales: Muchos artistas componen o pintan o esculpen en sueños; algunos psicoterapeutas los utilizan como vía de autoconocimiento, análisis y superación de traumas; algunas personas buscan la lucidez para despedirse simbólicamente de seres queridos; otros buscan en ellos algún tipo de consejero interior que les guíe y no son pocos los que se acercan a la lucidez con fines similares a los budistas tibetanos: Comprender la naturaleza ilusoria de la realidad a través de la experimentación de los sueños lúcidos. Y es que los sueños parecen tan reales mientras suceden, los zombis parecen tan amenazadores y próximos hasta que nos volvemos lúcidos, que no es difícil dar un paso más y plantearnos en qué medida la realidad de la vigilia no es otro engaño más de los sentidos, postulado básico de la filosofía budista.

Sea cual sea su motivación para experimentar sueños lúcidos le daré una breve directriz que podrá comenzar a poner en práctica desde este mismo momento. Aunque son muchas las técnicas que se pueden utilizar y el entrenamiento puede alargarse en el tiempo, una buena forma de comenzar es decidirse a no caer en el engaño de los sueños. ¿Cómo? De la siguiente forma: Mire usted a su alrededor. ¿Parece todo real? Sin duda. Pero si estuviera usted soñando, también le parecería de lo más normal que hubiera unicornios pastando en su salón, así que ¿cómo sabe que no está soñando?

¿Alguna vez se ha hecho usted seriamente esta pregunta, se ha planteado si está soñando en este mismo instante? Probablemente no, lo cual no tiene nada de malo, al contrario, es bastante sensato porque de hecho dudar espontáneamente de la realidad suele ser uno de los signos de un trastorno mental severo. Si ha padecido o padece usted esquizofrenia o ha sufrido episodios psicóticos, delirios, depresiones graves o algún otro trastorno mental, es preferible que se abstenga de este tipo de experimentación. Sin embargo, para personas sin ningún historial de trastorno este ejercicio no supone mayor riesgo, por extraño que pueda parecer: Usted debe preguntarse dos o tres veces al día si está soñando o está despierto y recordarse a si mism@ que quiere alcanzar la lucidez en los sueños.

La idea subyacente a este técnica es que si usted se pregunta regularmente si está soñando durante la vigilia, en algún momento acabará por preguntárselo en mitad de un sueño y conseguirá la lucidez. La mayoría de las personas tienen un sueño lúcido en las dos semanas siguientes a comenzar esta práctica y son muchas las que lo alcanzan al cabo de dos o tres días. Sin embargo es preferible que no se obsesione con ello porque, aunque éste es un experimento inocuo, a algunas personas acaba por acarrearle más molestias que alegrías: Si detecta que le está dando demasiada importancia al dormir, si duerme más de lo que debería, si le preocupa mucho alcanzar la lucidez, si empieza a darle más importancia a los sueños que a la vigilia, o este experimento le acarrera cualquier molestia física, psicológica o social es preferible que abandone la práctica y busque algún guía especializado en control de los sueños.

El objetivo deber ser siempre mejorar su vida en algún aspecto y aportarle algo postivo, nunca utilizar los sueños de forma escapista para huir de una realidad incómoda, ni hacer malabarismos con el equilibrio psicológico: Los marineros sensatos vuelven a puerto si detectan algún problema, haga usted lo mismo que ellos.

Y mientras haya buena mar: ¡Feliz navegación, !

 

 Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias.

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