EMDR II: Reprocesamiento de Redes Neuronales para el tratamiento del trauma psicológico

Con este segundo post sobre la terapia , da continuidad al artículo posteado aquí. Síguele la pista desde el link: EMDR I

No poder nombrar lo que no se puede olvidar: Aparentes paradojas del hecho traumático

Hay dos características del trastorno por estrés post traumático que tradicionalmente han resultado sorprendentes para los investigadores y que ahora, con los actuales modelos psiconeurológicos del EMDR que veremos más abajo, pueden encontrar explicación.

La primera es la diferente forma en que se comportan los recuerdos normales y los traumáticos. ¿Por qué los primeros parecen archivarse correctamente en un cajón de nuestra memoria, mientras que los traumáticos quedan siempre a la vista, encima de la mesa, dispuestos a asaltar la conciencia mediante diversas vías? Parecería que ambos tipos de recuerdos fueran procesados de distinta manera por nuestro cerebro. Utilizando una metáfora informática podríamos decir que unos, los normales, quedan correctamente guardados tras pulsar la tecla de Guardar como, mientras que los otros, los traumáticos, dejan colgado el sistema operativo, se resisten a desaparecer de la pantalla, vuelven a abrirse a cada momento ocupando toda la capacidad de procesamiento y hasta se transforman para aparecer como ficheros diferentes (en nuestro caso, recuerdos, sueños o Flahsbacks).

Es precisamente en el caso de los Flahsbacks donde se hace más evidente que el cerebro no procesa ni archiva por igual ambos tipos de recuerdos. Durante uno de estos episodios la persona puede llegar a perder la noción de dónde se encuentra y de qué está experimentando. Podríamos atribuirlo a una extraordinaria viveza del recuerdo, pero por muy vívido que sea un recuerdo normal, difícilmente lo viviremos con tal claridad y fuerza que lleguemos a sentir que estamos de nuevo allí.

Otro de los elementos del que habitualmente ha llamado la atención de los investigadores es la incapacidad de las víctimas para narrar el acontecimiento traumático. Cuando se les pide que cuenten el episodio o lo escriban con detalle es muy probable que les resulte imposible. No es que narrarlo les cueste un enorme esfuerzo y sufrimiento, cosa completamente lógica y comprensible, sino que pareciera que esos recuerdos subsistieran de forma desconectada de las palabras. El horror que sienten no tiene, literalmente, nombre; cosa que choca con el hecho de que su mayor martirio sea precisamente no poder dejar de revivir aquel momento. ¿Por qué algo que está siendo angustiosamente revivido, que aparece noche tras noche en forma de pesadilla no puede ser narrado? Las víctimas dicen ser capaces de recordar hasta el más mínimo detalle de lo sucedido, pero a la hora de contarlo sencillamente no pueden.

Much@s de ell@s aseguran ser incapaces de ponerle palabras aunque estén viendo la escena con tanta claridad como si la tuvieran ante los ojos.

Francine Shapiro y el descubrimiento casual del EMDR

 En 1987 la psicóloga americana Francine Shapiro hizo por casualidad un sorprendente descubrimiento; una tarde, mientras paseaba por un parque, se dio cuenta de que cada vez que acudía a su mente algún tipo de pensamiento perturbador, sus ojos comenzaban a moverse rápida y espontáneamente de arriba a abajo. La relación entre determinados procesos mentales y el movimiento ocular era ya algo conocido desde los años sesenta y setenta: Autores como Antrobus y Singer habían demostrado en diversos experimentos que los ojos de una persona comenzaban a moverse rápidamente cuando experimentaba alguna emoción desagradable o cuando se producía un cambio brusco en el contenido de la mente. Sin embargo el descubrimiento de Shapiro fue mucho más allá: Tras la secuencia de espontáneos, los mismos recuerdos angustiosos habían dejado de tener su carga negativa; seguía recordándolos pero era como si hubiera desaparecido su capacidad para perturbar.

Sorprendida por el efecto liberador de aquellos movimientos oculares espontáneos, comenzó a experimentar con algunos amigos y compañeros de profesión; Shapiro les pedía que se concentraran en recordar algún hecho desagradable mientras ella guiaba el movimiento de sus ojos haciéndoles seguir su dedo. Estas primeras experiencias informales tuvieron un éxito psicoterapéutico considerable: En apenas una o dos sesiones las personas se veían libres de las emociones perturbadoras que les habían molestado durante años. Sin embargo estos primeros casos no eran clínicamente graves, ni podían considerarse como auténticas víctimas de estrés post traumático; se trataba de amigos o colegas con acontecimientos estresantes dentro del ámbito de lo cotidiano (problemas domésticos, tensiones profesionales…) que en ningún caso alcanzaban la categoría de trastorno. Por ello Francine Shapiro decidió probar con colectivos que hubieran sufrido experiencias verdaderamente traumáticas.

El primer estudio controlado se llevó a cabo con un grupo de 22 personas que sí sufrían de verdadero trastorno de estrés post traumático por acontecimientos que, en ocasiones, se remontaban a veinte o treinta años atrás; entre estas personas había víctimas de violación, de abuso sexual en la infancia y un grupo de veteranos de la guerra de Vietnam. Para comprobar científicamente la eficacia del método EMDR, Shapiro repartió a estas 22 personas en dos grupos. A las personas del primero de ellos (el llamado grupo experimental) les aplicó la técnica tal y como había hecho con sus amigos y colegas; a las personas del segundo grupo (llamado grupo de control) no les aplicó la técnica, y en su lugar les pidió que describieran el acontecimiento traumático con todo el detalle que pudieran.

El resultado fue claro: Las personas del grupo experimental obtuvieron una disminución muy notable de los niveles de ansiedad causada por el material traumático y un cambio importante en la valoración y los pensamientos sobre el recuerdo perturbador. El grupo de control, sin embargo, no obtuvo ninguna mejora e incluso su nivel de ansiedad aumentó ligeramente. En vista del éxito del tratamiento, Francine Shapiro decidió, por razones éticas, someter a los miembros del grupo de control a la técnica EMDR, obteniendo el mismo resultado positivo.

La rapidez de los resultados y lo sorprendente de la técnica llamó la atención de buen número de profesionales e investigadores que, desde ese momento y hasta el día de hoy, han llevado a cabo docenas de experimentos en condiciones sumamente controladas; en todas ellas los resultados han sido los mismos: El método EMDR es eficaz en el tratamiento del psicológico, sus efectos son sumamente rápidos y los resultados se mantienen de forma duradera.

 Con el paso de los años el método EMDR ha cambiado y se ha enriquecido considerablemente, tanto en su vertiente teórica como en la aplicada. Es necesario señalar que esta técnica ha seguido el camino contrario al que suele ser habitual en el avance científico. Lo más común es partir de una determinada idea o base teórica acerca de las causas de un problema; por ejemplo, la creencia de que un desequilibrio en la química cerebral de la serotonina está detrás del trastorno depresivo o que cierta activación anormal y persistente del sistema nervioso simpático subyace al trastorno de ansiedad y preocupación generalizada. La segunda etapa consiste entonces en idear o diseñar algún sistema, procedimiento o fármaco que actúe sobre lo que se sospecha que es el mecanismo causal del problema; en los casos de este ejemplo, desarrollar un fármaco que incremente la cantidad de serotonina en el espacio inter-sináptico de las neuronas o aplicar el método de Relajación Muscular Progresiva de Jacobson para disminuir la activación anormal del sistema simpático. Una vez llevada a cabo la intervención, la tercera etapa es medir y cuantificar los efectos y, por tanto, la eficacia de la técnica empleada, bien mediante medidas objetivas y fisiológicas, bien mediante la evaluación del propio paciente de la mejora conseguida. Y todavía habría una cuarta etapa que consistiría en evaluar el resultado, ver en qué medida se han conseguido los objetivos y de qué forma se podrían potenciar y/o mejorar los efectos; para estos ejemplos, las medidas podrían ser, por ejemplo, incrementar o disminuir las dosis del fármaco o analizar si los resultados son mejores con el método de Relajación Autógena de Schultz.

Por contra, el EMDR nació siendo eficaz y nada más. No tenía una base teórica que sustentara las razones de su efectividad (¿por qué el movimiento de los ojos disminuía los niveles de la ansiedad causada por recuerdos traumáticos?). Además, esta falta de base teórica alcanzaba tanto a la dimensión puramente psicológica (¿era efectiva porque estaba descondicionando la ansiedad según los modelos conductuales clásicos, porque reestructuraba las ideas según los modelos cognitivos o porque liberaba catárticamente algún tipo de material inconsciente, según los modelos psicodinámicos?). Naciendo eficaz y desconociendo los mecanismos de su eficacia, el EMDR tuvo que irse desarrollando mediante un largo proceso de ensayo y error.

 La dimensión práctica: Forma actual del método EMDR

Aprovechando la experiencia de los pacientes, sus comentarios sobre lo que sentían y el resultado de las sesiones, Shapiro fue desarrollando un complejo protocolo que dista mucho de aquellas primeras e intuitivas intervenciones en que únicamente se pedía al paciente que pensara en el trauma y siguiera el movimiento del dedo. A día de hoy la aplicación del método EMDR se ha depurado, complicado y sistematizado, hasta haber estructurado una sesión en ocho fases diferenciadas.

La primera es el análisis detallado del historial clínico del cliente, que incluye conocer la disposición que tiene hacia el tratamiento, los factores de seguridad que podrían aconsejar o desaconsejar la aplicación del EMDR y la planificación de la intervención. Las fases dos y tres son la preparación del cliente para la técnica y la evaluación de los componentes o blancos terapéuticos a tratar. De la fase cuatro a la fase siete se extiende la aplicación de la técnica en si, siendo esta parte la que alcanza mayor complejidad e importancia; en ellas se procede a la desensibilización de la reacción emocional causada por el material traumático, la instalación del material cognitivo no disfuncional, la exploración de los correlatos corporales del trauma y la clausura de la sesión. La fase ocho implica la evaluación del resultado y la conclusión de la terapia.

La complejidad de aplicación del EMDR ha llegado a tal punto que han surgido internacionalmente distintos Institutos y Asociaciones Profesionales dedicadas a la y formación de los nuevos terapeutas. De todas ellas la primera y más importante es sin duda el EMDR Institute de Watsonville, en California, fundado por Francine Shapiro.

 La dimensión teórica formal: Teoría del Procesamiento adaptativo de la información.

La teoría del procesamiento adaptativo de la información es una hipótesis de trabajo que pretende, por una parte, explicar el mecanismo por el cual actúa el EMDR y, por otra, resolver algunos de los hechos sorprendentes de la sintomatología del TEPT de los que hablábamos arriba. Es importante señalar que esta teoría es puramente formal, es decir, que no entra en la descripción real de los mecanismos fisioneurológicos de naturaleza biológica, dimensión que trataremos brevemente después con la exposición de las líneas de investigación abiertas en el campo de las .

Para distinguir la dimensión formal (los procesos lógicos) de la dimensión neurológica (el sustrato biológico del cerebro y sus procesos fisicoquímicos), un buen símil sería el de un ordenador: La dimensión formal se referiría a las abstracciones de programación del software y la dimensión neurológica explicaría el soporte físico de microprocesadores y memorias del hardware. O dicho de otro modo, si nos encontramos con alguien que no conoce el funcionamiento de un procesador de textos y le explicamos cómo utilizar los comandos guardar como y cortar y pegar estaríamos explicándole la dimensión formal. Si por el contrario le explicáramos cómo funcionan los circuitos integrados del procesador central de nuestro equipo y cuáles son las leyes de la electrónica que regulan el funcionamiento de cualquiera de las placas de nuestro ordenador, estaríamos hablando de la dimensión física. Lógicamente ambas dimensiones son facetas o perspectivas de un mismo hecho, ya que cada vez que utilizamos el comando guardar como del procesador de texto lo hacemos sobre un sustrato físico concreto (nuestro ordenador, nuestra CPU, nuestra RAM, la corriente eléctrica, la diferencia de potencial…).

Según la teoría del procesamiento adaptativo de la información, nuestro cerebro funciona de una forma similar a como lo hace una computadora: Toma datos del exterior, los procesa de alguna manera, y arroja algún tipo de resultado. Durante este proceso son muchos los sub-procesos ejecutados: Recoge los datos nuevos a través de los sentidos, los archiva en una memoria de trabajo de corta duración, busca datos antiguos almacenados en la memoria a largo plazo, busca conexiones entre ellos y los enlaza mediante vínculos.

Cuando nos encontramos ante algún acontecimiento no traumático, este proceso funciona de manera correcta: Las operaciones se ejecutan sin ningún problema y los nuevos recuerdos son debidamente almacenados en la memoria. Sin embargo cuando experimentamos un hecho que nos genera un gran impacto emocional, el correcto funcionamiento se ve alterado. La razón de que un acontecimiento angustioso sea capaz de provocar un error en el procesamiento y almacenamiento de los recuerdos no está clara. Una buena hipótesis es la que atribuye a la adrenalina el papel causal del fallo. Es un hecho conocido que las situaciones que ponen en riesgo la integridad física o la vida (como por ejemplo sufrir una agresión sexual o ser víctima de un accidente), incrementan considerablemente la secreción de adrenalina por parte de las glándulas suprarrenales. Según esta hipótesis, el nivel anormalmente alto de adrenalina alteraría el equilibrio químico del Sistema Nervioso Central y bloquearía su capacidad para procesar correctamente los nuevos datos. Debido a ello, el cerebro almacenaría lo sucedido de una forma incorrecta.

En circunstancias normales uno de los procesos habituales de la memoria es relacionar los recuerdos nuevos con los antiguos, estableciendo entre ellos unos vínculos similares a los que conectan distintas páginas Web o partes de un texto con otras. A medida que vamos almacenando recuerdos nuevos se van estableciendo más y más conexiones con los antiguos, tejiendo densas redes de material relacionado entre si, llamadas redes mnemónicas. Lejos de ser uniformes en cuanto a su contenido, las redes de recuerdos almacenan materiales de todo tipo, que podríamos calificar como multimedia: En ellas podemos encontrar tanto imágenes, como sonidos, sensaciones físicas y corporales, pensamientos, palabras y por supuesto emociones. Esta es la razón de que cuando recordamos algún episodio de nuestra vida, nos venga inmediatamente a la memoria lo que sentimos en ese momento, acompañando a lo que vimos y también los pensamientos que tuvimos entonces. Todo ese conjunto de recuerdos se entrelazan con otras situaciones en las que sentimos o pensamos algo parecido, aunque sean momentos muy alejados en el tiempo; y estos, a su vez, con otros, entretejiendo un intrincado laberinto que almacena sensaciones, imágenes, pensamientos y emociones de manera organizada.

Sin embargo cuando el acontecimiento es sumamente estresante la información nueva no es procesada correctamente. El conjunto de sensaciones, imágenes, pensamientos y emociones del trauma quedan grabados en la memoria, pero debido al fallo del sistema este material nuevo no se relaciona con el material anterior; es decir, queda aislado, encapsulado en si mismo, como un quiste de recuerdos traumáticos que no consigue integrarse con el resto de redes mnemónicas. El recuerdo del trauma queda por tanto suspendido en el tiempo, manteniendo las emociones perturbadoras en el mismo estado en que se almacenaron, sin ninguna elaboración posterior.

 CONTINUARÁ…

Ciurana. Psicólogo y Colaborador de Despierta Terapias. manuelvitutia@gmail.com

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